Sabrina Ajmechet quedó atrapada entre sus viejos discursos sobre adoctrinamiento y la defensa de Milei

Sabrina Ajmechet
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La diputada de La Libertad Avanza salió en defensa del presidente Javier Milei luego de su polémica exposición ante estudiantes de la escuela ORT y rechazó que haya existido adoctrinamiento. Su postura vuelve a poner bajo la lupa antiguas intervenciones de Ajmechet, cuando cuestionaba la utilización política de las aulas y advertía sobre el supuesto adoctrinamiento en las escuelas.

La diputada nacional Sabrina Ajmechet quedó en el centro de una polémica política luego de defender públicamente la intervención de Javier Milei ante estudiantes secundarios de la escuela ORT. El Presidente participó de una charla frente a alumnos de cuarto y quinto año, en la que desarrolló una exposición sobre capitalismo, marxismo, religión y ética, además de cuestionar duramente al periodismo y alentar a los estudiantes a abuchear a periodistas. La presentación generó cuestionamientos de integrantes de la comunidad educativa y reabrió el debate sobre los límites de la participación política de funcionarios en instituciones educativas.

Frente a las críticas, Ajmechet sostuvo que lo ocurrido no podía ser considerado adoctrinamiento. Su argumento se apoyó en que Milei había sido invitado por la institución, que los estudiantes participaron voluntariamente y que no existió una imposición de ideas por la fuerza. La legisladora también sostuvo que los abucheos a periodistas surgieron de manera espontánea y cuestionó a quienes pusieron el foco en esa parte del discurso presidencial. En su defensa, planteó una diferencia entre una clase obligatoria con una determinada bajada política y la presencia de un dirigente invitado por una institución educativa.

El problema político para Ajmechet aparece cuando esa explicación es contrastada con sus propias posiciones anteriores sobre el adoctrinamiento. La legisladora había construido parte de su discurso público alrededor de la denuncia de supuestas prácticas de adoctrinamiento político en ámbitos educativos y de la necesidad de impedir que las escuelas fueran utilizadas para imponer determinadas visiones ideológicas. Esa posición fue utilizada durante años por sectores vinculados al espacio político que hoy integra para cuestionar contenidos, docentes y políticas educativas. La controversia actual surge precisamente porque la diputada debe explicar por qué aplica un criterio diferente cuando quien interviene frente a estudiantes es el propio Presidente de la Nación.

El episodio de la ORT adquirió una dimensión todavía mayor por el contenido de la exposición presidencial. Milei habló durante aproximadamente 45 minutos frente a adolescentes de entre 15 y 17 años y presentó una defensa del capitalismo vinculada con conceptos religiosos, mientras calificó al marxismo como una doctrina “satánica” y realizó afirmaciones sobre Karl Marx. También sostuvo que las políticas públicas de su Gobierno se encuentran relacionadas con valores judeocristianos y planteó que la prosperidad económica y determinados valores morales están estrechamente vinculados.

La presencia del Presidente en una escuela secundaria no generaría por sí misma una situación de adoctrinamiento: el punto de discusión está en el contenido y en las formas utilizadas durante la exposición. En este caso, además de hablar sobre cuestiones económicas y filosóficas, Milei volvió a dirigir críticas contra periodistas y pidió una reacción de los estudiantes. La comunidad educativa de la ORT expresó posteriormente cuestionamientos a esas expresiones y algunos exalumnos, docentes y familiares consideraron que el tono utilizado por el mandatario se alejaba de los valores de tolerancia y convivencia democrática que deberían prevalecer en un ámbito educativo.

La discusión también expone una de las contradicciones que atraviesan el discurso oficialista sobre la educación. Desde el Gobierno nacional se ha cuestionado reiteradamente el supuesto adoctrinamiento político-partidario en las escuelas y se han impulsado mecanismos para denunciar esas situaciones. Incluso durante la actual administración se establecieron medidas destinadas a combatir lo que el oficialismo define como adoctrinamiento político en el sistema educativo. Por eso, el debate no se limita a una declaración puntual de Ajmechet, sino que alcanza al criterio con el que el Gobierno diferencia entre una intervención política considerada legítima y otra que define como adoctrinamiento.

Ajmechet, por su parte, decidió cerrar filas con Milei y defender el rumbo general de la administración libertaria. En su argumentación, desplazó el eje de la discusión desde las formas utilizadas por el Presidente hacia las razones políticas por las que ella respalda al Gobierno. La diputada enumeró sus críticas al kirchnerismo y reivindicó el proyecto de Milei como una alternativa que, según su visión, puede generar oportunidades para los jóvenes y favorecer el regreso de argentinos que emigraron. Su posición refleja también el proceso de alineamiento político que protagonizó en los últimos años: Ajmechet integró el PRO y posteriormente se incorporó al bloque de La Libertad Avanza.

La polémica terminó adquiriendo una dimensión mayor cuando el propio Milei compartió la defensa realizada por Ajmechet y la acompañó con la expresión “MASTERCLASS”. De esta manera, el Presidente respaldó públicamente la interpretación de la diputada y convirtió el episodio en una disputa política alrededor del concepto de adoctrinamiento. El intercambio muestra que la controversia excede a una legisladora y se transforma en una discusión sobre el modo en que el oficialismo entiende la presencia de la política en las instituciones educativas.

El caso vuelve así a poner sobre la mesa una pregunta que atraviesa el debate público argentino: ¿qué diferencia existe entre una actividad política en una escuela y un acto de adoctrinamiento? La respuesta no depende únicamente de quién sea el funcionario que participa, sino también del carácter de la actividad, la posibilidad de participación, el contenido desarrollado, las condiciones institucionales y el respeto por la libertad de conciencia de los estudiantes. En el caso de Ajmechet, la controversia se vuelve especialmente sensible porque sus actuales argumentos son contrastados con sus antiguas críticas al adoctrinamiento. Mientras la diputada sostiene que Milei simplemente ejerció su derecho a expresar sus ideas ante estudiantes que aceptaron escucharlo, sus críticos consideran que el contenido y el tono de la intervención presidencial exponen una doble vara frente a un concepto que el propio oficialismo convirtió en bandera política.

Con ayuda de Pagina 12

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