El jefe sindical lanzó criticas a Javier Milei y le pidió que “baje a la realidad”. Advirtió por la morosidad récord de familias y empresas. Acelera encuentros con empresarios para el armado de una propuesta alternativa y avisó: “El paro va a llegar de una u otra manera”.
Hay relaciones que nacen mal y nunca se enderezan. Ese parece ser el destino entre el presidente Javier Milei y la CGT. La morosidad récord se convirtió en un nuevo capítulo de esta historia de desencuentros. La semana pasada la central obrera encabezó una marcha por los endeudados que tocó la puerta del ministro de Economía Luis Caputo, pero apenas pudieron dejar un petitorio en mesa de entradas. El líder cegetista, Jorge Sola, habló con Ámbito sobre los reclamos que llevaron y su mirada critica sobre la marcha de la economía. “Esa macroeconomía no resolvió los problemas ni generó una nueva industrialización”, advierte al Presidente y le pide “que baje a la realidad”. También hubo mensajes al peronismo y a los empresarios.
Jorge Sola es el líder del sindicato de Seguros y uno de los integrantes del triunvirato que conduce la Confederación General del Trabajo (CGT) desde noviembre pasado. Llegó a la conducción tras ocupar la Secretaría de Prensa de la central y destacarse por su capacidad de diálogo con empresarios y sectores políticos ajenos la peronismo. Le tocó un tiempo agitado y un desafío enorme tras la aprobación de la reforma laboral. Fue un cimbronazo en el mundo sindical y todavía intentan acomodarse.
Después de un tiempo de zozobra, la CGT retomó la iniciativa el 7 de julio, con el lanzamiento de un plan de lucha escalonado, acompañando a movilizaciones y reclamos sectoriales. Aquel día anunciaron un paro general, pero sin fecha precisa. Al principio, sonó a una respuesta deslucida. La marcha de los endeudados los reubicó en el centro de la ring. Lograron encolumnar detrás de ellos a distintos sectores y condensar las críticas al modelo libertario en una problemática que afecta a millones de personas.
La respuesta del Presidente no logró despejar el tema. En la entrevista con Ámbito, Jorge Sola lo acusó de “estar disociado con la realidad” y criticó el ordenamiento macroeconómico del que tanto se enorgullece Milei. Duda de que realmente exista si la microeconomía está con tantas dificultades y el cierre de empresas sigue creciendo.
No faltaron mensajes para la política, en especial hacia el peronismo. Amenazan con “patear la puerta” para poder sentarse en la mesa de discusión del proyecto que se proponga ganarle al presidente Javier Milei en 2027.
“El Presidente está equivocado por varias razones”
Periodista: La CGT encabezó una marcha por los endeudados. La reacción del Presidente fue negar el problema del endeudamiento. ¿Qué le responderían?
Jorge Sola: Eso va en línea con ese llamado de atención, y ese tope va en contra de lo que piensa un libertario o un presidente libertario. Es como si dijera “haz lo que digo, no lo que hago”. El Presidente está equivocado por varias razones. Primero, porque dio datos que no son reales, bastante alejados de la realidad que circunda al país; debería bajar más a terreno y enfrentarse con esas necesidades. Además, hay una cuestión de búsqueda de respuesta a la que nosotros nos oponemos. Si el endeudamiento fuera un problema entre privados —alguien que quiere comprar un bien suntuario, se endeuda y no puede pagarlo— podría ser considerado así. El problema es que la gente que tiene una gran cantidad de deuda es para pagar bienes primarios, es decir, porque no llega a fin de mes. En Capital Federal, el mejor fin de semana para el consumo es el primero del mes; ya el tercero pasó a ser el más flojo. ¿Por qué? Porque la gente no llega a fin de mes. Ese endeudamiento para llegar a fin de mes es consecuencia de una política de gobierno que hace que los bienes de consumo estén mucho más caros de lo que un trabajador o trabajadora,formal o informal, puede ganar. Es pagar el ajuste por esa vía. Esa disociación del Presidente con la realidad de los endeudados asusta. Insisto: el Gobierno tiene que actuar —de hecho hoy empezó a hacerlo— pero tiene que ir más allá del sistema formal de los bancos. Tiene que lograr que las billeteras virtuales —los amigos que suele tener Marcos Galperín— pasen a ser reguladas por el Banco Central, cosa que hoy no son, con lo cual las tasas pueden ser altísimas y el cobro puede hacerse de cualquier forma. Y eso sin meternos todavía en el circuito de los prestamistas, que es un sector mucho más oscuro. La respuesta sería: “Presidente, baje a la realidad, mire lo que está sucediendo y hágase cargo de que su política económica lleva a que los trabajadores y las trabajadoras tengan que endeudarse para consumir bienes primarios.”
P: En la marcha la CGT entregó un petitorio dirigido al ministro de Economía, Luis Caputo, ¿Hubo alguna respuesta de su parte?
J.S.: No, no hubo respuesta. Lo presentamos por mesa de entrada y dejamos ahí la nota. El petitorio no era solo un pedido para que el Gobierno intervenga en el tema del endeudamiento; también pedía que se preste atención a la incorporación de las billeteras virtuales dentro del sistema bancario, a las tasas que se están cobrando, y que se le dé centralidad a que las pequeñas y medianas empresas tengan acceso a créditos —no solo para bienes de capital, sino también para pagar deudas que a veces las llevan a cerrar. Todo eso era el cierre de un diagnóstico sobre el tejido productivo y de consumo social, que está en niveles que llaman muchísimo la atención. En estos tres años cayeron 300.000 puestos formales y más de 30.000 pequeñas y medianas empresas. Solo en mayo, la cantidad neta de empresas que cerraron por día —no como dice el presidente, otro error: él dice que las que se crean son muchas más que las que se pierden— fue de 73 pymes menos por día, todos los días, con sus puestos de trabajo formales.
P: En el petitorio ustedes hablan de que el equilibrio macroeconómico tiene que servir para solucionar el tema del endeudamiento ¿Es un reconocimiento implícito de que era necesario ordenar las cuentas y que la situación en 2023 era difícil de sostener?
J.S.: Ordenar las cuentas de la economía es necesario siempre, en una institución empresaria, en un gremio o en una nación; eso va de suyo. Ahora, tengo mis dudas de que la macroeconomía esté ordenada, porque si lo estuviera no tendríamos que estar mirando a cada rato si el riesgo país sube de golpe 100 puntos y te aleja de la posibilidad de endeudarte en términos normales con capitales del exterior. De hecho, hoy lo plantea uno de los economistas a los que Milei llama “econochanta” —lo digo por Carlos Melconian— sobre la duda de que la macroeconomía esté realmente estabilizada. Démosle la posibilidad de que el Presidente diga que hizo muchas cosas para que el equilibrio fiscal estuviera en condiciones. Pero no hay macroeconomía que dé resultado cuando se estabiliza si no se refleja en la microeconomía.
Son dos cosas diferentes: la macro no se refleja en la micro, y la micro es precisamente esto: el tejido productivo roto, la caída del empleo, la caída del poder adquisitivo, el endeudamiento familiar, el no llegar a fin de mes y no ver en el futuro inmediato la posibilidad de una salida hacia mejores condiciones económicas. El índice de confianza hacia el Gobierno tiene que ver con eso, con la enorme insatisfacción de una economía que no da resultados en el cortísimo plazo.
“Lo de Mario Grinman me parece un alejamiento importante de las necesidades de sus representados”
P: La semana pasada el presidente de la Cámara de Comercio Mario Grinman dijo que el rumbo está bien y que vale la pena el sacrificio de cierre de empresas. ¿Por qué creen que muchos empresarios lo ven de esa manera a pesar de que en algunos sectores como el comercio y la industria hay caídas pronunciadas?
J.S.: Lo de Grinman me parece un alejamiento importante de las necesidades de sus representados. El próximo jueves (27 de agosto), en Rosario, la CGT organiza junto con CAME (la cámara de la mediana empresa), con DINRA (industriales metalúrgicos) y la Federación de Industriales de Santa Fe —que forma parte de la UIA— un evento llamado “Argentina Produce”. Busca dejar en claro que esa macroeconomía no resolvió los problemas ni generó una nueva industrialización de la Argentina, y también mirar hacia adelante. Lo que dice el Grupo de los Seis difiere bastante cuando uno se aleja del AMBA y va al interior: en el Gran Rosario, el Gran San Nicolás, Mar del Plata, el índice de desempleo es tan alto como la caída de pymes, sobre todo manufactureras. Es necesario que quienes necesitan empresas para acceder al empleo —los trabajadores— y la inversión productiva tengan una mirada conjunta. Decir en un evento de esas características que “el precio a pagar está bien” mientras se destruyen vidas de familias, social y laboralmente, y se caen pymes solo para sostener un esquema político que según Grinman es “el oasis”, me parece un enorme error. Está desanclado de a quienes representa y, sobre todo, del interior profundo.
P: Hace poco el presidente de CAME, Ricardo Diab, halagó la macro, pero remarcó que hay dificultades en la micro ¿Qué encuentran en las charlas que tienen con las pymes?
J.S.: Lo primero que encontramos son coincidencias de diagnóstico sobre la caída de la producción local, no solo en la mirada económica sino también social. Doy un ejemplo: en una de las reuniones que tuvimos en el interior, un industrial productor de pinturas comentaba el error del presidente cuando habla de la “destrucción creativa” —que si se destruye una empresa, esa inversión se va a ir hacia otra actividad y va a generar otra empresa con otros empleos. Lo que dice el empresario es muy claro: “Yo no estoy en esta empresa solo por rédito económico. También estoy por vocación, porque es la misma empresa que fundó mi abuelo, que tuvo mi padre y que sigo yo con mis hijos.” Ese desanclaje de la realidad, de un empresario pyme que se compromete con la empresa por una cuestión vocacional además de por rédito —y que también genera puestos de trabajo y conoce a sus trabajadores— es la misma coincidencia que tenemos nosotros: hay que generar un proyecto de industria que contenga esa mirada social, porque lo que derrama es empleo formal, que es lo que falta en Argentina.
“La reforma laboral fue una gran oportunidad perdida”
P: En este reordenamiento de la economía sigue pendiente el tema de la reforma laboral, que el gobierno está tratando de aplicar y que sigue cuestionada judicialmente, aunque gran parte ya fue habilitada. ¿Ven algunos aspectos de la reforma laboral que podrían ser positivos de aplicar? Si hay un cambio de gobierno, ¿buscarían derogarla completamente?
J.S.: La ley de modernización laboral es aplicable desde el punto de vista legislativo y legal, porque ya fue promulgada. Pero tiene encima una espada de Damocles, que es la inseguridad jurídica: nosotros la cuestionamos, está en lo Contencioso Administrativo y todavía no se resolvió sobre el fondo. Hay cerca de 80 artículos que consideramos inconstitucionales. Si mañana hay una sentencia que le dé la razón a esos cuestionamientos, en 80, 20, 40 o 10 artículos, el empresario queda con inseguridad jurídica sobre si aplicar o no la ley. Y en derecho, cuando se paga mal, se paga dos veces. Con lo cual, esta ley no está siendo aplicada en la idea que el Gobierno tenía. Ni siquiera es una ley de modernización laboral en los hechos, porque no cumple el objetivo de modernizar el mundo del trabajo. Fue una gran oportunidad perdida de sentar a empresarios y trabajadores a modernizar el mundo del trabajo, que es lo que nosotros hacemos en cada convenio colectivo. Lo que hubo fue pérdida de derechos individuales de los trabajadores, pérdida de derechos colectivos de los gremios, y pérdida económica: una gran cantidad de dinero que debería ir al sistema de jubilaciones y pensiones pasó a alimentar el fondo de asistencia laboral. ¿Hubo alguna normativa que fuera un camino hacia la modernización? No. No hay un solo artículo que hable de inteligencia artificial ni de nuevos modos de producción de bienes y servicios. De hecho, derogaron la ley de teletrabajo, un modo de trabajo que se asemejaba bastante a lo que las empresas de servicios necesitaban. En la búsqueda de sacarles derechos individuales, colectivos y económicos a los trabajadores y sus representantes, lo que hicieron fue perder una gran oportunidad. Espero que el próximo gobierno tenga una mirada sensata y cercana al mundo de la producción y el trabajo, y la posibilidad de sentarnos a modernizar el mundo del trabajo sin perder derechos —al contrario, potenciando algunos, cambiando otros e incorporando a una gran cantidad de trabajadores que hoy están afuera.
P: ¿Qué puntos concretos están trabajando para modernizar las relaciones laborales?
J.S.: Mi propuesta es que cada actividad se siente dentro de su propio convenio colectivo y lo modernice. Doy un ejemplo central: Vaca Muerta. El convenio colectivo que se aplica ahí —entre construcción, camioneros, mineros, petroleros y los empresarios que invierten— está hecho a imagen y semejanza de lo que esa inversión necesita. En servicios pasa lo mismo: el sector está atravesado por la tecnología y la inteligencia artificial, y ahí se empieza a trabajar la transformación del mundo del trabajo de manera directa para poder incorporarla. Un ejemplo, aunque hoy suene viejo: en la pandemia, el home office fue algo que mi gremio, el gremio del Seguro, fue el primero en incorporar a nivel de América Latina. Este gobierno lo derogó; nosotros lo seguimos teniendo en el convenio colectivo. Cada actividad tiene armarlo de acuerdo a sus necesidades e inversiones. Alguna vez le dije a un presidente que cuando hacen esos viajes mostrando el clima de negocios en las embajadas —como hizo este gobierno en Estados Unidos, con gobernadores, empresarios y demás— también tienen que llevar a los trabajadores, para que sepamos qué necesitan las empresas que quieren invertir en la Argentina y podamos generar espacios de convenio colectivo iguales, sin perder derechos. Hay un dato que salió este fin de semana que me parece muy relevante y que al gobierno parece pasarle por el costado: en una localidad de San Juan donde se va a hacer una explotación minera, van a traer desde China una ciudad completa armada —los bloques, los operadores, la tecnología, el know-how— en una especie de burbuja: llegan, arman la pequeña ciudad, no tienen interacción con la comunidad local, y se van. Eso es China ingresando acá, como entran los barcos que traen los autos chinos por el puerto de Buenos Aires, mientras el gobierno hace ese discurso “maoísta” o “comunista” contra otros. Me parece que la discusión sobre si la industria tiene que ser más o menos proteccionista o aperturista es una discusión que se puede dar entre los actores, del mismo modo que se define entre empleadores y trabajadores a través del convenio colectivo de trabajo.
P: Entre las modificaciones que se introdujeron en la reforma laboral están los referidos a la huelga. Hay muchos que afirman que hubo un abuso de esa herramienta por parte de los sindicatos y pusieron en riesgo varias eh empresas, algunos nombran a Fate, por ejemplo. ¿Usted qué le respondería?
J.S.: Una huelga, que es un derecho natural de los trabajadores, nunca puede poner en riesgo una actividad empresaria. Quien lo plantea así toma un caso particular y lo generaliza, y la verdad es que no es así. Cuando se limitó el derecho a huelga a través de la figura de los servicios esenciales, a las pocas semanas de sancionada esa ley la Corte Internacional de La Haya dijo que el derecho de huelga no puede tener esas limitaciones, que es un derecho natural del trabajador. Con lo cual esa ley hoy está incumpliendo un mandato internacional. Los trabajadores nunca son enemigos de los empresarios. Lo que pasa es que a veces los empresarios incumplen de manera flagrante las leyes laborales y no aceptan el reclamo en la mesa de negociación. Si no se llega a un acuerdo, se llevan adelante las medidas de fuerza que la Constitución Nacional establece por derecho propio —la huelga es una, hay otras, como las manifestaciones. Este gobierno es “palo o látigo”: no tiene muchas vueltas de negociación en eso.
“El paro va a llegar de una u otra manera”
P: En la CGT vienen diciendo que no hay diálogo con el Gobierno y anunciaron que iban a hacer una huelga general, pero sin fecha, ¿por qué se demora? ¿Por qué prefieren otras estrategias?
J.S.: Al comienzo de la charla hablábamos de la marcha por el endeudamiento. Nos criticaron porque el propio Gobierno dice que nosotros no tenemos por qué representar a todos los endeudados. Bueno, nos hacemos cargo de los reclamos sociales y laborales; es parte de la historia de la CGT. Hicimos cuatro paros generales y cerca de veinte marchas, entre las que convocamos y las que acompañamos —por financiamiento universitario, por discapacidad, por los jubilados los miércoles—: estamos en la calle. El paro no cambia el reclamo, lo que hace es ponerlo en el punto más alto que una Confederación General del Trabajo puede alcanzar. Mientras tanto, mostramos en cada lugar y momento que estamos en desacuerdo con las políticas de este gobierno que van en contra de los trabajadores. Son estrategias que se van tejiendo no solo con una mirada capitalina, sino también de acompañamiento del interior, donde también se generan estos reclamos. El paro va a llegar de una u otra manera, y la marcha federal que tenemos anunciada también va a suceder. Probablemente al Gobierno no le modifique nada, pero para nosotros es volver a poner en la calle el reclamo de una gran cantidad de representados —muchos de los cuales seguramente votaron a Milei y hoy están padeciendo las consecuencias del modelo—. No tienen trabajo, o si lo tienen no les alcanza para llegar a fin de mes; deben tener pluriempleo, el poder adquisitivo no les alcanza y se quedan sin servicios sociales.
P: Está prevista una reunión del Consejo de salario mínimo vital y móvil para este viernes. Sin embargo, parece que el Gobierno intenta que sea virtual. ¿Cómo planean modificar ese escenario?
J.S.: Fuimos citados para el próximo viernes; para nosotros tiene que ser presencial, el Gobierno insiste en que sea virtual. Es una estrategia para no confrontar en una mesa de diálogo, porque como decíamos, el diálogo con el gobierno es prácticamente inexistente, y hacerlo por Zoom les permite bajar el switch y no escuchar del otro lado ningún reclamo. Como le dije al secretario de Trabajo, Julio Cordero, somos gente absolutamente educada para llevar adelante una reunión en los términos que corresponden, sabiendo que del otro lado hay empresarios con otra mirada —incluso quienes creen que este es un gobierno que va hacia un buen lugar—, pero nosotros no vamos a discutir de política: vamos a reclamar por el salario mínimo, vital y móvil. Desde noviembre de 2023, el salario mínimo, vital y móvil perdió el 100% de su poder de compra: tendría que duplicarse. Si hoy está alrededor de $380.000, debería estar por sobre $700.000, y eso pondría a un trabajador por encima de la canasta de pobreza. Para eso haría falta un aumento de entre el 20% mensual durante tres o cuatro meses, y probablemente el Gobierno, como siempre, avale lo que propongan los empresarios: un aumento mínimo en línea con una inflación que además no está medida con la estructura de consumo actualizada, sino con una de hace quince años. Vamos a ir con esa propuesta; ya pedimos por escrito que sea presencial. Entendemos que hay resistencia a hacerlo, y de acá al viernes vamos a decidir si vamos igual de manera presencial o si cumplimos nuestro rol reclamando en la puerta de la Secretaría de Trabajo.
“No me gusta cuando las reuniones se hacen a puertas cerradas y se adjudican la representación del peronismo cuatro o cinco personas”
P: Hace unos días dijo que no hay que golpear la puerta de la política, sino tirarla abajo. Sin embargo, en una reunión de importante referente del peronismo no hubo ningún representante de la CGT. ¿Qué pasa con el peronismo? ¿Ustedes siguen exigiendo un lugar para decidir candidaturas y proyectos?
J.S.: No me gusta cuando las reuniones se hacen a puertas cerradas y se adjudican la representación del peronismo cuatro o cinco personas, por más relevancia institucional o electoral que tengan. El peronismo tiene que recuperar el rol central dentro del Partido Justicialista, y a partir de ahí sentarnos en una mesa donde cada uno sea militante de una idea que pueda sacar al país adelante, y ahí proponer un proyecto de país. Si lo primero que se discute son las condiciones para elegir candidato, o quién va a ser el candidato, estamos empezando al revés: primero hay que generar el proyecto. Los trabajadores, que generamos todos los días la riqueza del país por la que pedimos mejor distribución, tenemos mucho para decir sobre los temas que nos atañen. Sobre educación, por ejemplo: desde el gobierno de Alfonsín, con el Congreso Pedagógico, que no se discute en serio el tema. Sobre salud: creemos que el sistema de salud único en el mundo, que incluye a las obras sociales, tiene que revisarse y ponerse en valor con sus tres patas —la salud privada, la pública y las obras sociales—. Tenemos mucho para decir sobre el mundo del empleo, cómo generar empleo genuino, y sobre un proyecto de industrialización para el país que viene. Y eso lo tenemos que discutir en una mesa: queremos sentarnos y decir “estas son nuestras ideas”, no solo las banderas históricas de soberanía política, independencia económica y justicia social. Tenemos que darles una respuesta a los pibes que piden una solución para sus problemas cotidianos: no llegar a fin de mes, no tener trabajo, tener que salir a repartir en bici, no poder estudiar. A todos ellos les tenemos que responder mañana, y para eso necesitamos estar sentados en esa mesa. El reclamo es siempre el mismo: insisto, la puerta la golpeamos y no la abren, tenemos que patearla.
P: Para cerrar, ¿cree que las PASO pueden ser una herramienta para generar el debate que falta dentro del peronismo?
J.S.: Sí, me parece imprescindible. Las elecciones primarias, abiertas y obligatorias me parecen necesarias y útiles para la democracia, mucho más allá de la coyuntura electoral: permiten definir los proyectos, ponerlos en escena y que la sociedad evalúe cuál es el mejor candidato. Después, con esas internas del peronismo resueltas, tenemos que ser absolutamente generosos para convocar a un frente nacional y popular que vaya mucho más allá del peronismo. El peronismo es imprescindible e importante, pero solo no alcanza, porque enfrente hay un abanico de derecha y centroderecha al que hay que enfrentar. Por eso, generosos para convocar y generosos para gobernar.
Fuente: Ambito Financiero



