El salario pierde cada vez más capacidad de compra y el endeudamiento se convierte en una salida para las familias

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Un informe del Centro de Estudios del Trabajo y el Desarrollo (CETyD) de la Universidad Nacional de San Martín advierte que el salario promedio del sector privado perdió 14% de su poder adquisitivo en la última década, pero la pérdida alcanza el 24% cuando se considera el ingreso disponible después de pagar los gastos fijos. El deterioro se combina con más horas de trabajo, empleos de menor intensidad y un fuerte crecimiento del endeudamiento de los hogares.

La pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores no se explica solamente por la evolución de los salarios frente a la inflación. El análisis publicado por Motor Económico, a partir del último informe sociolaboral del CETyD, pone el foco en un concepto menos visible pero determinante para la vida cotidiana: el ingreso disponible. Se trata del dinero que efectivamente queda en los hogares una vez que se pagaron servicios, transporte y otros gastos fijos. Según el estudio, ese ingreso viene sufriendo un deterioro mucho mayor que el salario medido de manera tradicional.

El informe señala que el salario promedio del sector privado se encuentra 14% por debajo del nivel de hace diez años. Pero cuando al cálculo se incorpora el incremento de los gastos necesarios para sostener la vida cotidiana, la pérdida llega al 24%. Es decir, en una década los trabajadores habrían perdido aproximadamente una cuarta parte de su capacidad efectiva de consumo. La diferencia surge principalmente del aumento de servicios esenciales como electricidad, gas, agua, telefonía, internet y transporte.

La explicación está relacionada con el peso creciente que tienen las tarifas y otros gastos que los hogares no pueden evitar. Aunque un salario pudiera aumentar en un porcentaje similar al índice general de inflación, eso no necesariamente significa que la familia conserve su nivel de vida. Si los servicios esenciales aumentan por encima del promedio, una porción cada vez mayor del ingreso mensual queda comprometida antes de llegar al supermercado, comprar ropa, afrontar gastos escolares o resolver una reparación inesperada. El resultado es una reducción silenciosa pero persistente de la capacidad de consumo.

Frente a esta situación, las familias comenzaron a buscar nuevas estrategias para sostener sus ingresos. El CETyD advierte que cada vez más trabajadores recurren a una segunda o tercera ocupación, mientras aumenta la cantidad de integrantes de los hogares que deben incorporarse al mercado laboral. El problema es que esa mayor disponibilidad de trabajadores no encuentra necesariamente una estructura productiva capaz de generar empleos suficientes y de calidad. Durante la última década, la producción privada creció 7%, mientras las horas trabajadas aumentaron 11% y la cantidad de trabajadores se incrementó 17%.

Los números muestran así una transformación profunda de la dinámica laboral. Hay más personas trabajando y se destinan más horas al trabajo, pero el crecimiento de la producción es considerablemente menor. Para muchas familias, esto significa que aquello que antes podía sostenerse con un empleo de jornada completa ahora requiere dos ingresos, horas extras o actividades complementarias. El problema, además, es que esas ocupaciones adicionales no necesariamente aprovechan las capacidades profesionales de quienes las realizan, sino que aparecen como una respuesta directa a la necesidad de generar dinero para llegar a fin de mes.

El fenómeno también se refleja en el aumento de la subocupación. El informe señala que crecieron fuertemente los trabajadores que tienen jornadas parciales pero desean trabajar más horas y no encuentran esa posibilidad. De esta manera, el mercado laboral queda sometido a una doble presión: por un lado, más personas necesitan trabajar o trabajar más; por otro, la economía no genera suficientes oportunidades de calidad para absorber esa necesidad. El resultado es una expansión de empleos de menor intensidad y menores ingresos.

A la pérdida salarial y al deterioro laboral se suma otro problema: el endeudamiento familiar. Según el CETyD, desde noviembre de 2023 el crédito bancario destinado a las familias aumentó 77% en términos reales, mientras que el financiamiento otorgado por proveedores no financieros llegó a duplicarse. Los préstamos personales, utilizados con frecuencia para cubrir gastos corrientes o afrontar imprevistos, tuvieron incluso un crecimiento mayor. Para los hogares, el crédito aparece así como una herramienta para compensar ingresos que ya no alcanzan.

Pero el endeudamiento también tiene un límite. El estudio advierte que en abril de 2026 los pagos de capital e intereses absorbieron casi una cuarta parte de los ingresos de los asalariados formales. A esto se suma que la cartera irregular de las familias se encontraba 349% por encima de noviembre de 2023, con los mayores incrementos concentrados en tarjetas de crédito y préstamos personales. Esto significa que una parte creciente de los ingresos futuros ya está comprometida para pagar deudas contraídas en el presente.

El cuadro que surge del informe es el de una economía en la que el deterioro de los ingresos no termina únicamente en una menor capacidad de consumo. La pérdida salarial empuja a buscar más trabajo; la falta de oportunidades de calidad lleva a empleos de menor intensidad; y cuando esas estrategias ya no alcanzan, aparece el endeudamiento como mecanismo para sostener los gastos básicos. De esta manera se genera un círculo en el que las familias trabajan más, disponen de menos dinero y deben destinar una parte creciente de sus ingresos a pagar compromisos acumulados.

El informe del CETyD plantea, en definitiva, una discusión que va más allá del número mensual de inflación o de la evolución nominal de los salarios. Lo que está en juego es la calidad de vida y la capacidad real de las familias para disponer de sus ingresos. Si una parte cada vez mayor del sueldo se destina a tarifas, transporte y deudas, el salario puede incluso acompañar determinados indicadores macroeconómicos sin que eso se traduzca en una mejora concreta para los trabajadores. El desafío, según surge del análisis, pasa por revertir una dinámica en la que la recuperación del ingreso no alcanza a compensar el aumento de los costos fijos y la creciente necesidad de endeudarse.

Con ayuda de Motor Económico

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