El consumo de carne vacuna cayó 12% y los argentinos comen casi 5 kilos menos que en 2025

Carne Vacuna Argentina
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El consumo interno de carne vacuna se desplomó 12% durante los primeros siete meses de 2026. Según un informe de la CICCRA, el consumo por habitante se ubicó en 46,3 kilos anuales, 4,8 kilos menos que un año atrás, mientras los precios de los cortes vacunos aumentaron 52% interanual, muy por encima de la inflación general.

El consumo de carne vacuna continúa perdiendo terreno en la Argentina y los nuevos datos muestran una caída significativa de la demanda durante 2026. De acuerdo con el último informe de la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA), durante los primeros siete meses del año el consumo aparente de carne vacuna retrocedió un 12% interanual. En términos de volumen, alcanzó 1,202 millones de toneladas, lo que representa una disminución de 163,4 millones de toneladas respecto del mismo período de 2025.

La caída también se refleja cuando se observa cuánto consume cada habitante. El promedio móvil de los últimos doce meses se ubicó en 46,3 kilos de carne vacuna por persona al año, un 9,4% menos que en julio de 2025. Traducido a una cifra concreta, cada argentino está consumiendo aproximadamente 4,8 kilos menos de carne vacuna por año que hace doce meses. El registro se encuentra entre los niveles más bajos de las últimas décadas y marca un cambio profundo en uno de los hábitos alimentarios históricamente asociados al consumo argentino.

Uno de los principales factores que aparece detrás de la retracción es el fuerte incremento que tuvieron los precios de la carne. Mientras el Índice de Precios al Consumidor acumuló una variación interanual del 34%, los cortes vacunos registraron una suba del 52% durante julio, de acuerdo con los datos difundidos por CICCRA. La diferencia entre ambos indicadores muestra que la carne aumentó considerablemente por encima del promedio general de los precios, dificultando el acceso de muchas familias a un producto que durante décadas ocupó un lugar central en la mesa argentina.

La comparación con otras carnes también resulta significativa. El pollo registró durante el mismo período un aumento interanual del 22,9%, menos de la mitad de la suba registrada por la carne vacuna. Como consecuencia, la carne vacuna se encareció un 23,7% en términos relativos frente al pollo durante los últimos doce meses. Esta diferencia de precios puede favorecer cambios en las decisiones de compra de los consumidores, que encuentran en otras fuentes de proteína una alternativa más accesible frente al aumento de los cortes vacunos.

El informe también mostró que algunos precios comenzaron a presentar cierta estabilidad durante el último período. En julio, el precio promedio de los cortes vacunos registró una baja mensual del 0,6%. El asado cayó 1,3%, hasta los $16.708,20 por kilo, mientras que la nalga disminuyó 0,8% y quedó en $21.447,80 por kilo. La carne picada común, por su parte, bajó 0,7%, hasta los $10.554,10 por kilo. Sin embargo, estas reducciones mensuales todavía no alcanzaron para revertir el fuerte aumento acumulado durante el último año.

Mientras el mercado interno se contrae, las exportaciones de carne vacuna muestran una dinámica completamente diferente. Durante los primeros siete meses de 2026, los envíos al exterior crecieron 8,8% interanual. Según CICCRA, el incremento estuvo impulsado principalmente por las mayores ventas hacia Estados Unidos, que compensaron la caída de los embarques destinados a China. De esta manera, la industria cárnica atraviesa una situación en la que la demanda externa gana protagonismo mientras el consumo de los argentinos continúa retrocediendo.

El contraste entre ambos mercados resulta uno de los datos más relevantes del informe. Por un lado, crecen las exportaciones y determinados destinos internacionales adquieren mayor peso para la industria. Por otro, el mercado doméstico enfrenta una caída de la demanda que se traduce directamente en menos carne consumida por habitante. La combinación de precios elevados y pérdida de poder de compra aparece así como un elemento central para comprender por qué un alimento tradicional de la dieta argentina está perdiendo presencia en los hogares.

Los números muestran, en definitiva, una transformación en el consumo de los argentinos. 46,3 kilos anuales por habitante y una reducción de 4,8 kilos respecto del año anterior marcan un escenario que difícilmente pueda explicarse únicamente por modificaciones en los hábitos alimentarios. El fuerte aumento de los precios de la carne vacuna frente a la inflación y frente a otras alternativas como el pollo aparece como uno de los principales condicionantes. Mientras las exportaciones avanzan, el desafío para el mercado interno será recuperar la capacidad de compra de los consumidores y evitar que la carne vacuna quede cada vez más lejos de la mesa de las familias.

Con ayuda de Filo News

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