Crece el crédito informal en el conurbano y se multiplica una pregunta: “¿Sabés si el vecino está dando préstamos?”

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La crisis económica y la pérdida del poder adquisitivo están impulsando un fenómeno cada vez más visible en los barrios populares del conurbano bonaerense: el crecimiento de los préstamos informales entre vecinos. La imposibilidad de acceder al sistema financiero formal lleva a muchas familias a recurrir a créditos particulares con intereses elevados para afrontar gastos cotidianos como alimentos, medicamentos o servicios básicos.

En distintos barrios del conurbano, la pregunta “¿Sabés si el vecino está dando préstamos?” comenzó a repetirse con frecuencia. Según testimonios recogidos en la investigación periodística de Página/12, numerosas familias recurren a personas particulares que prestan dinero de manera inmediata, aunque bajo condiciones que muchas veces derivan en situaciones de sobreendeudamiento y, en algunos casos, en la pérdida de bienes o viviendas.

Uno de los casos expuestos ocurre en Villa Fiorito, donde una familia terminó perdiendo su casa luego de no poder afrontar un préstamo considerado usurario. La historia refleja una realidad que, según organizaciones sociales y referentes barriales, se extiende por distintos municipios del Gran Buenos Aires, donde el acceso al crédito bancario resulta prácticamente inaccesible para amplios sectores de la población.

El crecimiento de esta modalidad de financiamiento está estrechamente vinculado con la caída de los ingresos y el aumento del costo de vida. Muchas personas solicitan pequeñas sumas de dinero para comprar alimentos, pagar medicamentos, afrontar alquileres o cubrir servicios esenciales, mientras las cuotas de los préstamos terminan absorbiendo una parte importante de sus ingresos mensuales.

La investigación también señala que, en numerosos casos, quienes prestan dinero son vecinos que cuentan con cierto capital disponible y establecen condiciones por fuera de cualquier regulación financiera. La falta de controles y de contratos formales deja a los deudores en una situación de especial vulnerabilidad frente a intereses elevados o exigencias difíciles de cumplir.

El fenómeno se desarrolla en un contexto de creciente preocupación por el endeudamiento de los hogares. Mientras desde el Gobierno nacional se ha sostenido que parte de la morosidad responde a decisiones individuales de quienes tomaron créditos, distintos especialistas y organizaciones sociales advierten que muchas familias recurren al endeudamiento simplemente para cubrir necesidades básicas y sostener el consumo diario.

Referentes comunitarios sostienen que la expansión de los préstamos informales evidencia las dificultades que enfrentan miles de personas para acceder a herramientas de financiamiento seguras. En ausencia de alternativas formales, el crédito entre particulares se convirtió en una respuesta inmediata para resolver urgencias económicas, aunque con riesgos que pueden profundizar la vulnerabilidad de quienes lo solicitan.

La situación refleja el impacto que la crisis económica tiene sobre la vida cotidiana en los barrios populares del conurbano bonaerense. El aumento del endeudamiento informal, sumado a la pérdida del poder de compra y a las dificultades para llegar a fin de mes, configura un escenario que preocupa a organizaciones sociales y especialistas, quienes advierten sobre la necesidad de ampliar el acceso a mecanismos de financiamiento regulados y de fortalecer las políticas de protección para las familias más vulnerables.

Fuente: Página12

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