Donald Trump volvió a poner bajo presión a las grandes petroleras. El presidente de Estados Unidos acusó a ExxonMobil y Chevron de “ganar demasiado dinero” por la disrupción del mercado energético global causada por la guerra con Irán y reclamó que parte de esas ganancias se traslade al público mediante una baja de los precios de los combustibles.
La crítica llegó después de que las principales compañías del sector reportaran beneficios extraordinarios por la suba del crudo. Antes de los primeros ataques entre Estados Unidos e Israel contra Irán, el Brent cotizaba cerca de u$s70 por barril. A fines de abril llegó a u$s126 y ahora opera en torno a u$s85.
“Están ganando demasiado dinero aprovechándose de la escasez. No me gusta”, dijo Trump ante periodistas en la Casa Blanca. Luego apuntó directamente contra las dos mayores petroleras estadounidenses: “Chevron: demasiado dinero. ExxonMobil: demasiado dinero”.
Ganancias récord de ExxonMobil y Chevron
Las compañías petroleras estadounidenses acumularon más de u$s26.000 millones en beneficios durante el segundo trimestre, impulsadas por el salto del petróleo y los mayores márgenes de refinación.
Chevron registró una ganancia trimestral de u$s12.200 millones, cinco veces superior a la del mismo período del año anterior. ExxonMobil, en tanto, obtuvo u$s14.500 millones entre abril y junio, el doble que en igual trimestre de 2025 y su mayor resultado desde la crisis energética posterior a la invasión rusa de Ucrania.
Meg O’Neill, CEO de BP, sostuvo que la compañía tuvo un trimestre sólido en términos financieros, aunque reconoció que la empresa todavía no explota plenamente su potencial y que en los últimos años no cumplió de manera consistente sus objetivos.
En Arabia Saudita, Aramco también reportó una fuerte mejora. La petrolera estatal registró un beneficio neto de u$s32.700 millones en el segundo trimestre, 44% más que en el mismo período del año anterior, favorecida por el incremento de los precios del crudo.Informate más
Ormuz, Mar Rojo y refinación: las claves del salto
El aumento de las ganancias petroleras se explica por la combinación de precios internacionales más altos, interrupciones logísticas y mayores márgenes de refinación.
La guerra en Medio Oriente restringió el tránsito por el estrecho de Ormuz, una vía clave para el comercio global de hidrocarburos. A eso se sumó la amenaza de los hutíes de Yemen contra los envíos sauditas por el Mar Rojo, lo que agregó presión sobre las rutas de exportación.
Las refinerías también se beneficiaron. Empresas integradas como ExxonMobil y Chevron, que producen petróleo y además procesan crudo para vender gasolina, diésel y combustible para aviones, quedaron mejor posicionadas para capturar el salto de los precios de los derivados.
El mercado global de refinación se mantiene ajustado. Con restricciones en Medio Oriente, Rusia y China, las compañías con capacidad disponible pueden vender combustibles a precios más altos, aun cuando procesen menos crudo.
Consumidores, inflación y presión política
El principal costo político del petróleo caro se traslada a los consumidores. La suba de la gasolina, el diésel y el combustible para aviones impacta en el transporte, la logística, los viajes y los precios de otros bienes.
Trump ya había advertido a fines de junio que los minoristas de gasolina debían bajar los precios “inmediatamente” y ordenó al Departamento de Justicia investigar posibles casos de especulación en el sector energético minorista.
La crítica presidencial se produce en un contexto de preocupación por la inflación. Si los combustibles se mantienen en niveles elevados, el costo de vida puede volver a presionar sobre los hogares y complicar la estrategia de la Reserva Federal.
Los demócratas del Congreso, por su parte, impulsan proyectos para gravar las ganancias extraordinarias de las grandes petroleras y destinar la recaudación a los consumidores. La iniciativa apunta a empresas que produzcan o importen al menos 300.000 barriles diarios.
Las petroleras rechazan impuestos extraordinarios
Las compañías del sector sostienen que no fijan el precio internacional del petróleo, determinado por la oferta, la demanda y las condiciones del mercado global. También advierten que los impuestos extraordinarios pueden afectar decisiones de inversión.
Darren Woods, CEO de ExxonMobil, cuestionó ese tipo de medidas y sostuvo que penalizar a empresas que continuaron abasteciendo al mercado sería una respuesta de corto plazo. Según el ejecutivo, Exxon canceló inversiones previstas en Europa después de la última aplicación de impuestos sobre beneficios extraordinarios.
El debate vuelve a mostrar la tensión entre empresas, consumidores y gobiernos en períodos de crisis energética. Para los productores, el petróleo caro mejora ingresos y rentabilidad. Para los consumidores, implica mayor presión sobre los combustibles y los costos de transporte. Para los gobiernos, abre un conflicto entre sostener inversiones, evitar desabastecimiento y limitar el impacto sobre la inflación.
En ese escenario, Trump decidió marcar distancia de las petroleras y exigir una baja en los surtidores. El problema es que, mientras la guerra siga alterando las rutas energéticas globales, el margen para una caída fuerte de los precios al consumidor seguirá condicionado por la evolución del crudo, los derivados y la capacidad de refinación.



