Sembrando Alas: la profesora cordobesa que lleva la gimnasia artística a los barrios más vulnerables

Laura Araya, Sembrando Alas
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Hace 15 años, Laura Araya decidió romper con una idea instalada: que la gimnasia artística es un deporte reservado para quienes pueden pagar un club privado. Hoy, su proyecto “Sembrando Alas” transforma la vida de niños y niñas de los sectores más humildes de Córdoba.

Cuando se habla de gimnasia artística, la imagen que suele aparecer es la de grandes gimnasios, costosos aparatos y competencias de alto rendimiento. Sin embargo, en distintos barrios populares de la ciudad de Córdoba existe otra realidad, una donde el deporte se convierte en una herramienta de inclusión, contención y oportunidades.

Detrás de esa iniciativa está Laura Araya, profesora de Educación Física y ex gimnasta, quien hace más de una década impulsa el proyecto “Sembrando Alas”, una propuesta que acerca la gimnasia artística a niños y niñas de contextos vulnerables.

“¿Por qué no llevar esta disciplina a una villa? ¿Por qué un chico que vive en un barrio humilde no puede hacer gimnasia artística?”, se preguntó la docente cuando decidió iniciar este camino.

Un deporte para todos

Araya explica que la gimnasia artística históricamente estuvo vinculada a sectores con mayores posibilidades económicas.

Las cuotas de los clubes privados, los costos de las federaciones y las competencias hacen que muchas familias no puedan acceder a la disciplina.

Por eso, el proyecto se propuso derribar esas barreras y llevar el deporte a escuelas ubicadas en zonas urbano-marginales de la ciudad, trabajando con niños y niñas de barrios como Villa El Milagro, Villa Inés y Mirador, entre otros sectores populares.

“Es un proyecto jugado, porque se intenta llevar esta disciplina a contextos muy distintos a los tradicionales, pero justamente ahí está el desafío”, sostiene.

Cuando no hay aparatos, aparece la creatividad

Uno de los principales obstáculos fue la falta de infraestructura.

La gimnasia artística requiere aparatos específicos como vigas de equilibrio, barras, trampolines y pedanas especiales, elementos que resultan inaccesibles para muchas escuelas.

Sin embargo, la falta de recursos nunca fue un impedimento.

“¿Sabés con qué hacíamos la viga de equilibrio? Con los bancos del PAICOR”, recuerda Laura entre sonrisas.

Gracias a la colaboración de un herrero, aquellos bancos fueron adaptados para que los chicos pudieran practicar y dar sus primeros pasos en la disciplina.

Una muestra de que la creatividad y el compromiso pueden superar cualquier limitación material.

Mucho más que un deporte

Para la profesora, la gimnasia artística no solo enseña movimientos y técnicas.

También fortalece la autoestima, la disciplina, la confianza y el trabajo en equipo.

Cada clase se convierte en un espacio de encuentro, aprendizaje y construcción de sueños para chicos y chicas que muchas veces tienen pocas oportunidades de acceder a actividades deportivas y recreativas.

“Trabajar en estos contextos también te enseña otras cosas. Hay otros tiempos, otras realidades y otras necesidades, pero el deporte tiene la capacidad de abrir puertas y de transformar vidas”, afirma.

Un proyecto que sigue creciendo

Después de 15 años de trabajo, Sembrando Alas se ha consolidado como una experiencia de inclusión social a través del deporte, demostrando que el talento, el esfuerzo y las ganas de aprender no dependen de la condición económica ni del lugar donde se nace.

La historia de Laura Araya es también la historia de cientos de niños y niñas que encontraron en la gimnasia artística un espacio para jugar, crecer y soñar.

Porque, como demuestra este proyecto cordobés, a veces solo hace falta una profesora comprometida, un banco adaptado y muchas ganas de cambiar una realidad para que los sueños empiecen a despegar.

Y entonces, verdaderamente, comienzan a sembrarse alas. 🏅✨

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