El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, restó importancia a la marcha realizada por un grupo supremacista blanco en Washington D.C. durante las celebraciones por el 250° aniversario de la independencia estadounidense. El episodio generó fuerte controversia política y reabrió el debate sobre el crecimiento de organizaciones de extrema derecha en el país en un contexto de alta polarización.
La movilización fue protagonizada por miembros del grupo Patriot Front, una organización nacionalista blanca surgida en 2017, cuyos integrantes desfilaron enmascarados por calles de la capital estadounidense con simbología patriótica y consignas extremistas. Según registros periodísticos, participaron alrededor de 400 personas en la marcha, que se desarrolló el mismo día de los actos oficiales por el Día de la Independencia.
Durante la manifestación, los participantes exhibieron banderas de Estados Unidos —en algunos casos invertidas— y realizaron consignas que llamaban a “reclamar” el país, en línea con la narrativa de sectores ultraderechistas que promueven la idea de un Estado étnicamente homogéneo. La movilización fue seguida de cerca por transeúntes y medios de comunicación, que registraron imágenes de fuerte impacto simbólico.
El episodio ocurrió en el marco de los festejos oficiales por el 250° aniversario de la independencia de Estados Unidos, que incluyeron actos masivos, discursos presidenciales, espectáculos musicales y un amplio despliegue de seguridad en Washington D.C.
En ese contexto, Trump encabezó actividades con fuerte contenido político y nacionalista, en las que defendió su gestión y reforzó consignas habituales vinculadas al “excepcionalismo estadounidense” y la identidad nacional.
La aparición del grupo supremacista generó críticas de distintos sectores políticos y organizaciones civiles, que advirtieron sobre la normalización de expresiones extremistas en espacios públicos durante eventos de alto perfil nacional. También se señaló la preocupación por la visibilidad creciente de estas organizaciones en el escenario político estadounidense.
Desde el oficialismo, sin embargo, se defendió la realización de la marcha bajo el argumento de la libertad de expresión, sin emitir condenas explícitas sobre el contenido ideológico del grupo, lo que intensificó la controversia.
El hecho se suma a una serie de debates recientes en Estados Unidos sobre seguridad interna, extremismo político y el rol del Estado frente a organizaciones radicalizadas, en un contexto marcado por tensiones sociales y electorales.
Fuente: Página12



