Una nueva crisis política sacude al oficialismo libertario luego de que se confirmara la salida del segundo de Manuel Adorni en la Jefatura de Gabinete. La decisión, atribuida directamente al presidente Javier Milei, profundizó las tensiones internas dentro del gobierno y reavivó la disputa entre los principales sectores de poder en la Casa Rosada.
La interna del gobierno de Javier Milei sumó un nuevo capítulo de alto voltaje político tras conocerse la salida del segundo funcionario más cercano al jefe de Gabinete Manuel Adorni. La decisión fue interpretada dentro del oficialismo como un movimiento directo del propio Presidente para reordenar el equipo de gestión en medio de crecientes tensiones internas.
Según trascendidos del entorno gubernamental, la medida se habría tomado en un contexto de fuertes discusiones dentro de la Jefatura de Gabinete, donde conviven distintas líneas de poder que responden a figuras clave del esquema libertario. La salida del funcionario expone una nueva fractura en el círculo más cercano del Ejecutivo.
El episodio se inscribe en una serie de conflictos que vienen escalando dentro del oficialismo, donde las diferencias entre sectores alineados a Karina Milei, Santiago Caputo y otros referentes del armado político han generado reiteradas disputas por el control de áreas estratégicas del gobierno.
En paralelo, la figura de Manuel Adorni continúa en el centro de la escena política, atravesada por cuestionamientos internos y presiones externas que complejizan la gestión diaria de la Jefatura de Gabinete. La decisión de remover a su segundo fue leída por algunos sectores como un mensaje de disciplinamiento interno.
Desde la Casa Rosada no hubo una comunicación oficial detallada sobre los motivos de la salida, aunque fuentes cercanas al Ejecutivo señalaron que se trata de una “reorganización natural” dentro del organigrama, en un contexto de revisión permanente de equipos de trabajo.
Sin embargo, en el entorno libertario las versiones apuntan a un clima de creciente tensión, donde las diferencias sobre la estrategia política y la conducción de la gestión comienzan a impactar directamente en los funcionarios de segunda línea, que son los primeros en absorber los cambios.
La oposición aprovechó el episodio para cuestionar la estabilidad del gabinete y señalar lo que consideran una falta de cohesión en el equipo de gobierno, mientras que dirigentes aliados intentan bajar el tono del conflicto y evitar que la crisis escale públicamente.
Con este nuevo movimiento, el gobierno de Javier Milei vuelve a quedar envuelto en un escenario de incertidumbre interna, donde las decisiones de alto nivel reconfiguran constantemente el mapa de poder dentro de la administración nacional.



