Las ventas de productos básicos volvieron a desplomarse en abril y profundizaron una tendencia recesiva que golpea directamente el bolsillo de millones de argentinos. El consumo masivo acumuló una nueva caída interanual cercana al 4%, mientras supermercados y comercios advierten que la retracción económica sigue agravándose pese a la desaceleración inflacionaria.
La crisis del consumo en Argentina sumó un nuevo capítulo preocupante luego de que distintos relevamientos privados confirmaran una caída cercana al 4% interanual en las ventas de productos de consumo masivo durante abril. El dato volvió a encender alarmas en supermercados, autoservicios y cadenas comerciales, donde aseguran que el derrumbe de las compras cotidianas todavía no encuentra un piso claro y continúa deteriorándose mes a mes.
Según el informe elaborado por la consultora Scentia, las ventas en supermercados y autoservicios registraron una baja interanual del 3,7% durante abril. Aunque el número resulta algo menor a las caídas de dos dígitos observadas durante gran parte de 2025, los especialistas remarcan que el consumo sigue operando sobre niveles históricamente deprimidos y muy lejos de cualquier recuperación sólida.
El deterioro aparece directamente relacionado con la pérdida de poder adquisitivo que vienen sufriendo los salarios desde hace meses. A pesar de cierta desaceleración inflacionaria impulsada por el Gobierno nacional, los ingresos todavía corren por detrás de los aumentos acumulados y millones de familias continúan ajustando gastos esenciales para poder afrontar alquileres, servicios, medicamentos y deudas financieras.
El comportamiento del consumo muestra además fuertes cambios en los hábitos cotidianos de compra. Comercios y cadenas supermercadistas detectaron un crecimiento sostenido de segundas marcas, reducción en tamaños de envases y una mayor fragmentación de compras pequeñas durante el mes. Cada vez más consumidores priorizan promociones, descuentos bancarios y programas de financiamiento para sostener gastos básicos de alimentación e higiene personal.
Uno de los datos más sensibles del relevamiento es que el derrumbe afecta tanto a supermercados grandes como a comercios de cercanía. Mientras las grandes cadenas sufrieron una caída interanual cercana al 2,9%, los autoservicios independientes registraron bajas superiores al 5%. Esto refleja que el deterioro del consumo ya impacta transversalmente sobre prácticamente todos los segmentos comerciales vinculados a la venta de productos básicos.
La situación preocupa especialmente a industriales y comerciantes porque el mercado interno continúa funcionando como uno de los principales motores de la economía argentina. Sectores vinculados a alimentos, bebidas, limpieza y productos de primera necesidad advierten que la persistente caída de ventas complica inversiones, producción y empleo formal. Algunas empresas incluso comenzaron a implementar suspensiones, pagos escalonados o procedimientos preventivos de crisis frente al deterioro sostenido de la demanda.
Desde el Gobierno nacional sostienen que la desaceleración inflacionaria terminará favoreciendo progresivamente una recuperación del consumo. Funcionarios del equipo económico aseguran que el ajuste inicial era necesario para estabilizar variables macroeconómicas y destacan que algunos indicadores financieros comenzaron a mostrar señales positivas. Sin embargo, buena parte de los economistas advierte que la mejora financiera todavía no logra trasladarse de manera concreta a la economía cotidiana de la población.
En paralelo, distintos relevamientos sociales muestran un crecimiento del endeudamiento familiar y del pluriempleo como mecanismos de supervivencia frente al deterioro económico. Cada vez más hogares recurren a créditos, tarjetas o trabajos adicionales para cubrir gastos básicos. Ese escenario termina afectando directamente la capacidad de consumo y profundiza el círculo recesivo que atraviesa buena parte de la economía argentina desde hace meses.
La nueva caída del consumo masivo confirma así que la recuperación económica todavía aparece muy lejos para amplios sectores sociales. Mientras los mercados financieros celebran algunos indicadores macroeconómicos positivos, supermercados, comercios y trabajadores siguen enfrentando una realidad marcada por ventas deprimidas, salarios deteriorados y una demanda interna que continúa sin encontrar señales firmes de recuperación.
Fuente: El Destape



