No es compatible una democracia en paz con cipayos haciendo de presidentes y políticas de ajuste que castigan a los pueblos.
Hace apenas 6 meses, la “democracia” formal electoralista llevó a un personaje de la partidocracia, servil a los intereses de las multinacionales y de Trump, a la presidencia de Bolivia.
Hoy el país entero aparece bloqueado por las protestas populares y los mineros se enfrentan a la polícía arrojando cartuchos de dinamita en las calles de la ciudad de La Paz.
Si los cancerberos del sistema consideran que el protagonismo del pueblo se acaba el día de las elecciones, aquí tienen la respuesta.
El pueblo y sus organizaciones ejerciendo el poder en defensa de la soberanía y la justicia social, ha sido y será siempre la única garantía de estabilidad si se pretende conquistar una verdadera Democracia.
Por Hector Amichetti



