La Comisión Nacional de Actividades Espaciales atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia luego de confirmarse un nuevo recorte presupuestario de 4.400 millones de pesos. Trabajadores del organismo denunciaron que la reducción de recursos pone en riesgo proyectos estratégicos, profundiza la fuga de profesionales y amenaza con paralizar décadas de desarrollo científico y tecnológico en el país.
La situación de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae) volvió a encender las alarmas dentro del sistema científico argentino tras conocerse un nuevo ajuste de 4.400 millones de pesos que impactará directamente sobre el funcionamiento del organismo. La medida se suma a una serie de recortes aplicados desde el inicio de la gestión de Javier Milei y profundiza la crisis presupuestaria que atraviesa una de las instituciones más importantes del desarrollo aeroespacial nacional. Desde distintos sectores vinculados a la ciencia advirtieron que el escenario actual podría derivar en la paralización definitiva de proyectos estratégicos que demandaron décadas de inversión pública y formación de recursos humanos especializados.
Trabajadores y trabajadoras de la Conae señalaron que el deterioro es cada vez más visible y sostuvieron que “cada mes es un poco peor”. Según denunciaron, el organismo perdió más del 50% de sus recursos en términos reales desde el comienzo del actual gobierno nacional. Mientras durante 2025 la institución contó con partidas superiores a los 70 mil millones de pesos para sostener programas científicos y tecnológicos, el presupuesto actual ronda apenas los 42 mil millones. La reducción no sólo afecta el funcionamiento operativo cotidiano, sino también la continuidad de investigaciones, desarrollos satelitales y proyectos vinculados a la soberanía tecnológica argentina.
Uno de los principales focos de preocupación es el impacto que la falta de financiamiento tiene sobre el personal técnico y científico. Desde la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), que nuclea a empleados de la Conae, alertaron sobre una creciente fuga de cerebros provocada por los bajos salarios y la incertidumbre laboral. Ingenieros, investigadores y especialistas altamente capacitados comenzaron a abandonar el organismo en busca de oportunidades en el sector privado o en el exterior, generando una pérdida de capacidades que resulta difícil de recuperar. Además, denunciaron despidos encubiertos y la no renovación de contratos de personal con más de diez años de trayectoria dentro de la institución.
Entre los programas más afectados aparece el proyecto Tronador, considerado uno de los desarrollos más ambiciosos de la industria espacial argentina. La iniciativa buscaba que el país pudiera completar todo el ciclo espacial de manera autónoma, incluyendo el diseño de satélites, lanzadores y sistemas de información. Sin embargo, trabajadores del sector aseguraron que el proyecto quedó prácticamente desactivado por falta de financiamiento. La paralización de este tipo de desarrollos representa un fuerte retroceso para un área que durante años fue presentada como una política de Estado vinculada al avance científico y tecnológico nacional.
A pesar del escenario crítico, algunos proyectos continúan avanzando aunque con enormes dificultades. Entre ellos se encuentra el satélite SABIA-Mar, orientado al monitoreo oceánico y ambiental, y determinados trabajos vinculados a la Base Belgrano II en la Antártida. Sin embargo, desde el propio organismo remarcan que la mayoría de las iniciativas carecen actualmente de fondos asignados. La incertidumbre sobre el futuro inmediato también afecta convenios internacionales y compromisos asumidos por Argentina en materia de cooperación científica y espacial, un aspecto que podría deteriorar el posicionamiento del país en el ámbito internacional.
La preocupación no se limita únicamente al ámbito científico. Diversos sectores académicos, universitarios y sindicales comenzaron a manifestarse públicamente contra el ajuste sobre organismos estratégicos del Estado. Para muchos especialistas, el desfinanciamiento de instituciones como la Conae forma parte de un proceso más amplio de reducción de la inversión pública en ciencia y tecnología. En ese marco, advierten que el debilitamiento del sistema científico argentino puede tener consecuencias estructurales a largo plazo, afectando no sólo la innovación tecnológica sino también la capacidad del país para generar conocimiento propio y desarrollo industrial.
Desde los gremios también cuestionaron las contradicciones entre el discurso oficial sobre reducción del Estado y algunas decisiones tomadas dentro del organismo. Según denunciaron trabajadores de la Conae, mientras continúan los recortes y las bajas de personal técnico, durante los últimos meses ingresaron funcionarios jerárquicos sin trayectoria en el ámbito espacial. Esta situación generó fuerte malestar interno y alimentó las críticas hacia la conducción actual del área, a la que acusan de priorizar criterios políticos por sobre las capacidades técnicas y profesionales necesarias para sostener un organismo de alta complejidad científica.
El conflicto en la Conae se suma a otros reclamos vinculados al ajuste sobre universidades, organismos de investigación y entidades científicas nacionales. Mientras crecen las protestas y advertencias de especialistas, el futuro del sector espacial argentino aparece cada vez más incierto. Trabajadores e investigadores sostienen que la pérdida de infraestructura, talento humano y continuidad en proyectos estratégicos podría dejar consecuencias difíciles de revertir durante los próximos años. En medio de ese panorama, la discusión sobre el rol del Estado en el desarrollo científico vuelve a ocupar un lugar central dentro del debate político y económico argentino.
Fuente: La Nueva Mañana



