La disputa electoral del próximo año no será contra partidos conservadores o neoliberales de Argentina, será contra el poder de los Estados Unidos.
Nuestro país actúa ya como una colonia absolutamente dependiente de aquella nación que maneja nuestro endeudamiento externo, comienza a controlar nuestros recursos naturales, ha asentado fuerzas militares en nuestro territorio e influye de manera determinante en el poder judicial local, definiendo con anticipación a qué políticos hay que sacar del escenario electoral, tal como ha sido el caso de Cristina.
Esta semana el Congreso de los Estados Unidos presentó el proyecto de ley de Asignaciones para Seguridad Nacional que incluye a la Argentina como un eje prioritario dentro de la política exterior, con el objetivo de reducir la influencia de China en la región.
El proyecto introduce el denominado “Fondo de Oportunidades America First”, que dispone fondos para fomentar la cooperación con aliados democráticos que demuestren un compromiso con los “mercados libres” y se alineen con los intereses estratégicos de Washington.
Estados Unidos, de manera directa, a través de su embajada en nuestro territorio, de AmCham y de algunas otras instituciones a su servicio, trabaja en la persuasión de dirigentes de casi todas las fuerzas políticas, del empresariado y del ámbito sindical para garantizar una alternativa de recambio a Milei que no altere sus planes estratégicos.
Sería un tremendo error pensar que podemos marchar desde ahora, de manera lineal y sin obstáculos, hacia la construcción de una alternativa política auténticamente soberana y absolutamente comprometida con las mayorías.
Y más aún si pensamos que esa construcción puede avanzar estando atravesada por tensiones entre sectores internos que deberían estar hoy, más que nunca, coincidiendo en análisis y propuestas sobre los temas claves que definen el control de poder en Argentina.
El Peronismo ha sobrevivido a las tempestades de la historia por ser un Movimiento que construye poder con el pueblo y sus organizaciones, no un partido político que solo acumula alianzas para ganar una elección.
Es preciso romper los límites tradicionales que nos imponen las reglas de juego de una “democracia” diseñada por quienes nos dominan de distintas maneras desde hace bastante tiempo, permitiendo que podamos, eventualmente, ganar una elección, pero sin capacidad luego para cambiar la realidad en beneficio del pueblo.
Como supo decir el gran poeta y patriota nuestroamericano José Martí:
“Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea, y con tal que él quede de alcalde, o le mortifique al rival que le quitó la novia, o le crezcan en la alcancía los ahorros, ya da por bueno el orden universal, sin saber de los gigantes que llevan siete leguas en las botas, y le pueden poner la bota encima, ni de la pelea de los cometas en el cielo, que van por el aire dormidos engullendo mundos. Lo que quede de aldea en América ha de despertar. Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo a la cabeza, sino con las armas de almohada, como los varones de Juan de Castellanos: las armas del juicio, que vencen a las otras. Trincheras de ideas, valen más que trincheras de piedra”.
Por Héctor Amichetti



