💣 Argentina, la colonia del siglo XXI: la deuda como cadena invisible

20240406111404_snapshot-6 (1)
Share on facebook
Facebook
Share on pinterest
Pinterest
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on email
Email

Por momentos, la historia no se repite: se perfecciona. Cambian los nombres, cambian las formas, pero el mecanismo es el mismo. Y pocas comparaciones resultan tan incómodas —y tan necesarias— como la de Haití con la Argentina actual.

Haití no es pobre por casualidad. Es pobre porque fue castigado. Fue la primera república negra del mundo, nacida de una revolución que derrotó a una potencia colonial como Francia. Ese triunfo, que debería haber sido celebrado como un avance de la humanidad, fue convertido en una condena: una deuda impuesta para “compensar” a los esclavistas derrotados. Una deuda absurda, inmoral, impagable.

Ahí nace una lógica que todavía sigue vigente: la deuda como instrumento de dominación. No hace falta invadir con ejércitos cuando se puede someter con intereses, vencimientos y condicionamientos. Haití tardó más de un siglo en pagar esa extorsión. Y cuando terminó de pagarla, ya estaba devastado.

¿Y Argentina? ¿Estamos tan lejos de ese esquema?

Desde el primer gran endeudamiento con la banca inglesa en tiempos de Bernardino Rivadavia, la historia económica del país está atravesada por ciclos de deuda que crecen, se renegocian y vuelven a crecer. No es solo un problema financiero: es un modelo de dependencia.

Porque la deuda no es neutra. La deuda condiciona. Define políticas, limita decisiones, ordena prioridades. Y cuando se vuelve estructural, transforma a un país en algo más parecido a una colonia que a una nación soberana.

El 2001 fue la prueba más brutal de ese límite. Una sociedad empujada al abismo por un endeudamiento insostenible. Años después, se intentó desandar ese camino. Pero la rueda volvió a girar. Nuevos préstamos, nuevos acuerdos, nuevas promesas… y la misma trampa.

Hoy, con una deuda que alcanza niveles históricos, la pregunta ya no es técnica. Es política. Y es profundamente incómoda: ¿quién decide realmente el rumbo de la Argentina?

Porque cuando un país vive atado a compromisos externos permanentes, su margen de autonomía se reduce. Y cuando eso se naturaliza, el problema deja de ser económico para convertirse en cultural.

Haití fue sometido con cañones primero y con deuda después. Argentina no necesita cañones. Le alcanza con el crédito.

Tal vez la verdadera discusión no sea cuánto debemos, sino por qué siempre volvemos a deber.

Y sobre todo, quién gana cada vez que eso pasa.

Por Jorge Vasalo

Scroll al inicio