La FIFA activó una negociación contrarreloj para garantizar la presencia de Irán en el Mundial 2026, luego de que crecieran las dudas sobre la continuidad del seleccionado asiático en medio de tensiones políticas y problemas diplomáticos. El organismo que conduce Gianni Infantino busca evitar una baja que generaría un fuerte impacto deportivo e institucional a poco más de un mes del inicio del torneo.
El conflicto se profundizó durante el Congreso de la FIFA realizado en Vancouver, Canadá, cuando integrantes de la delegación iraní no pudieron participar tras trabas migratorias vinculadas a supuestos lazos con la Guardia Revolucionaria Islámica. La situación expuso el delicado escenario geopolítico que rodea a la selección iraní y volvió a encender rumores sobre una posible renuncia al certamen.
Frente a ese panorama, Infantino salió personalmente a desactivar la crisis y lanzó un mensaje contundente: confirmó que Irán jugará el Mundial y que además disputará sus partidos programados en Estados Unidos, una de las sedes principales del torneo. Según trascendió, la FIFA busca ofrecer garantías logísticas, de seguridad y de movilidad para que el seleccionado no desista de competir.
Irán había solicitado previamente disputar sus encuentros en México por cuestiones de seguridad, pero la FIFA rechazó esa posibilidad y mantuvo el calendario original. El equipo asiático integra el Grupo G junto a Bélgica, Egipto y Nueva Zelanda, con debut previsto en territorio estadounidense.
La eventual salida de Irán obligaría a reorganizar zonas, sedes y hasta posibles reemplazos, algo que el organismo internacional quiere evitar a toda costa. Incluso ya circularon versiones sobre qué selecciones podrían ocupar ese lugar si finalmente se produjera una baja.
Por ahora, la FIFA apuesta fuerte a sostener la participación iraní. Lo que está en juego no es solo un cupo deportivo: también es una prueba política para un Mundial que todavía no empezó y ya vive su primera gran tormenta.



