Referentes de la Iglesia católica endurecieron sus cuestionamientos al Gobierno nacional y denunciaron una creciente ausencia del Estado frente al aumento de la pobreza, el desempleo y la exclusión social. Las declaraciones generaron fuerte repercusión política.
Obispos y sacerdotes vinculados al trabajo territorial sostienen que en barrios populares crecen necesidades básicas insatisfechas mientras disminuyen respuestas públicas. Alertan por comedores desbordados, familias endeudadas y situaciones de vulnerabilidad cada vez más extremas.
No se trata del primer cruce entre sectores eclesiásticos y la gestión libertaria, pero en esta ocasión el tono fue más severo. Desde la Iglesia advierten que la lógica del mercado no alcanza para resolver dramas sociales profundos.
El Gobierno suele responder que la asistencia debe ser eficiente y sin intermediarios, además de insistir en que el equilibrio fiscal es condición indispensable para cualquier política sostenible.
Sin embargo, la preocupación eclesial conecta con un malestar creciente en amplios sectores sociales afectados por la recesión.
La relación entre la Casa Rosada y la Iglesia atraviesa así uno de sus momentos más delicados desde el inicio de la actual administración.



