Tras los acuerdos con el Banco Mundial y el BID para garantizar financiamiento, informes privados advierten que la deuda de mayor prioridad de pago aumentó en más de u$s25.700 millones, modificando la estructura del endeudamiento argentino.
El reciente respaldo financiero del Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) al gobierno argentino abrió un nuevo frente de discusión en el plano económico: el fuerte incremento de la denominada deuda “senior”. Si bien los organismos multilaterales confirmaron garantías por unos u$s2.550 millones para facilitar el refinanciamiento de vencimientos, especialistas advierten que estas herramientas también implican un cambio sustancial en la composición del endeudamiento externo del país.
De acuerdo con un informe de la consultora 1816, la deuda bruta en moneda extranjera del sector público —incluyendo al Banco Central— creció cerca de u$s24.800 millones entre fines de 2023 y el primer trimestre de 2026. Sin embargo, el dato más relevante no es tanto el volumen total, sino su transformación interna: la deuda senior aumentó u$s25.700 millones, mientras que la deuda subordinada o “junior” prácticamente no registró cambios e incluso mostró una leve caída.
La deuda senior se caracteriza por tener prioridad de cobro en caso de incumplimiento o reestructuración, lo que la convierte en el segmento más protegido del esquema financiero. Esto implica que organismos como el FMI, el Banco Mundial o el BID tienen preferencia frente a otros acreedores privados. En consecuencia, aunque este tipo de deuda suele ofrecer tasas más bajas, también condiciona las futuras negociaciones, ya que reduce el margen de maniobra del país ante eventuales crisis.
El crecimiento de esta categoría responde en gran medida al aumento de compromisos con organismos internacionales. Según el mismo informe, unos u$s20.200 millones del incremento están vinculados a deudas del Tesoro con estas entidades, incluyendo un aumento significativo de la exposición con el FMI, además del aporte de financiamiento de otros bancos multilaterales. A esto se suman unos u$s5.500 millones asociados a operaciones del Banco Central, como los acuerdos de recompra (repos) con bancos internacionales.
En términos relativos, la participación de la deuda senior dentro del total en moneda extranjera pasó del 53,3% a fines de 2023 al 59,2% en marzo de 2026. Este cambio marca un desplazamiento estructural en el perfil de deuda argentina, con una mayor dependencia de acreedores privilegiados. Para algunos analistas, esto puede ser visto como una señal de respaldo internacional, pero también como un factor de riesgo a mediano plazo.
Desde el Gobierno, la estrategia se presenta como una forma de ordenar los vencimientos y reducir la incertidumbre financiera. La utilización de garantías de organismos internacionales permite acceder a financiamiento en mejores condiciones y afrontar compromisos inmediatos sin recurrir a emisiones más costosas. En ese sentido, el equipo económico sostiene que se trata de una herramienta clave para estabilizar la economía en el corto plazo.
Sin embargo, economistas advierten que existe una “contracara” en este esquema. A medida que aumenta el peso de los organismos multilaterales en la deuda total, crece también la “ultra prioridad” de estos acreedores. Esto podría dificultar eventuales procesos de reestructuración, ya que los pagos a estos organismos se ubican en la cima de la pirámide, dejando en una posición más vulnerable a otros acreedores y reduciendo la flexibilidad del país.
El debate se vuelve aún más relevante al considerar los compromisos futuros. Para 2027, los vencimientos en moneda extranjera ascienden a más de u$s35.000 millones, con una parte significativa en manos de organismos internacionales y otra en bonos bajo legislación extranjera. En este contexto, la sostenibilidad de la deuda y la capacidad de acceso al financiamiento internacional seguirán siendo variables clave para la estabilidad macroeconómica argentina.
Así, mientras el Gobierno apuesta a las garantías internacionales como un puente hacia la estabilidad financiera, el crecimiento de la deuda senior instala un debate de fondo sobre el tipo de endeudamiento que está construyendo Argentina: uno que ofrece alivio en el presente, pero que podría condicionar con mayor fuerza las decisiones económicas del futuro.
Fuente: 50ambito



