El arzobispo Jorge García Cuerva recordó al Papa Francisco a un año de su muerte y lanzó un mensaje contundente sobre la realidad social: alertó por el retroceso del Estado en los sectores más vulnerables y llamó a sostener su legado.
A un año de la muerte del Papa Francisco, la Iglesia volvió a poner el foco en el presente. El arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, recordó su legado con una definición que resonó fuerte en el escenario actual: “Es imposible leerlo y no pensar en el hoy”.
Lejos de un homenaje meramente simbólico, García Cuerva planteó que el pensamiento de Francisco sigue interpelando a la sociedad en cuestiones concretas: desigualdad, exclusión social y el rol del Estado frente a los sectores más vulnerables.
En ese sentido, remarcó que el pontífice argentino no construyó un mensaje abstracto, sino profundamente ligado a las condiciones materiales de vida. Su prédica apuntó a denunciar la “cultura del descarte” y a colocar a los más pobres en el centro del debate social.
El arzobispo fue más allá del recuerdo y lanzó una advertencia directa sobre la situación actual. Señaló que existe un retroceso en la presencia estatal en los barrios más postergados, algo que —según planteó— tiene consecuencias visibles en la vida cotidiana.
“Cuidado con que el Estado se retire”, advirtió en declaraciones públicas, subrayando que para muchos sectores la presencia estatal sigue siendo la única garantía de acceso a derechos básicos.
Además, vinculó esta ausencia con el avance de problemáticas como la violencia y el narcotráfico, que tienden a ocupar los espacios donde el Estado se repliega, especialmente en contextos de crisis social.
García Cuerva evitó personalizar sus críticas en un gobierno específico, pero dejó en claro que la preocupación de la Iglesia es estructural y atraviesa distintos momentos políticos.
En paralelo, insistió en que el mejor homenaje a Francisco no es recordarlo, sino aplicar sus enseñanzas en el presente, en un contexto donde las tensiones sociales se profundizan.
El mensaje también funciona como una señal hacia el conjunto del sistema político, en un momento donde el debate sobre el rol del Estado vuelve a ocupar un lugar central en la agenda pública.
El recuerdo de Papa Francisco no quedó en la nostalgia. Se transformó en una advertencia. Porque cuando la Iglesia habla de ausencia del Estado, no habla de teoría: habla de lo que pasa en los barrios. Y en ese terreno, el legado de Francisco deja de ser memoria para convertirse en una pregunta incómoda sobre el presente.
Fuente: Politica Argentina



