Las ventas minoristas registraron una nueva caída en todo el país, profundizando una tendencia negativa que golpea de lleno a las pequeñas y medianas empresas. Comerciantes advierten que el nivel de consumo es uno de los más bajos de los últimos años y describen un escenario “desolador” que pone en riesgo la continuidad de miles de negocios.
El dato confirma lo que ya se percibe en la calle: menos gente comprando, tickets más bajos y un cambio drástico en los hábitos de consumo.
La retracción no es aislada, sino parte de un proceso sostenido que se viene profundizando en los últimos meses, en paralelo con la pérdida del poder adquisitivo.
La combinación de inflación, aumento de tarifas y caída de ingresos reales impacta directamente en el consumo, especialmente en sectores no esenciales.
Para las pymes comerciales, la situación es especialmente delicada. Muchos negocios aseguran que apenas logran cubrir costos fijos como alquiler, servicios e impuestos.
En algunos casos, las ventas caen pero los gastos suben, generando una ecuación cada vez más difícil de sostener.
El resultado es un escenario donde crecen los cierres de locales, la reducción de personal y la informalidad como estrategia de supervivencia.
Los comerciantes también señalan un cambio en el comportamiento de los consumidores: se priorizan productos básicos y se postergan compras importantes.
El financiamiento, que en otros momentos funcionaba como motor del consumo, hoy no logra revertir la tendencia debido a tasas elevadas y menor acceso al crédito.
Desde el sector empresario advierten que, sin una recuperación del ingreso real, es difícil que el consumo vuelva a dinamizar la economía.
El impacto no es solo económico, sino también social: menos consumo implica menos actividad, menos empleo y menor circulación de dinero.
En este contexto, el mercado interno aparece debilitado, lo que agrava aún más el panorama general.
Mientras tanto, las expectativas de los comerciantes son cada vez más cautas, con un horizonte incierto y sin señales claras de recuperación en el corto plazo.
La caída del consumo no es solo un dato económico: es un termómetro social. Cuando la gente deja de comprar, lo que se resiente no es únicamente el comercio, sino todo el entramado productivo. El desafío de cualquier modelo económico es generar estabilidad, pero también movimiento. Sin consumo, la economía se enfría. Y cuando eso pasa, las consecuencias se sienten mucho más allá de los números.
Fuente: El destape



