En un giro discursivo que sorprendió incluso a sus propios aliados, el presidente Javier Milei reconoció públicamente que la economía “no está funcionando bien” y que los resultados del ajuste están tardando en llegar. Aun así, pidió “más paciencia” a una población golpeada por la inflación, la caída del salario y una recesión que ya muestra impactos severos en el consumo, el empleo y la actividad productiva.
El reconocimiento se produjo durante una entrevista transmitida en cadena digital, en la que Milei, visiblemente incómodo, admitió por primera vez que la economía enfrenta “desajustes inevitables”. Esta declaración contrasta con el relato optimista que sostuvo durante los primeros meses de gestión, cuando insistía en que la recuperación estaba “a la vuelta de la esquina”. Ahora, el Presidente pide “fe en el rumbo” mientras los indicadores siguen encendiendo alarmas.
La confesión del mandatario llega en un contexto de creciente tensión social y política. Las últimas mediciones económicas muestran una caída pronunciada del consumo, una inflación que no cede al ritmo prometido por el Gobierno y un deterioro del ingreso que afecta a todos los sectores, especialmente a los hogares de clase media. El derrumbe de la actividad industrial y el freno del comercio minorista confirman una recesión de magnitud.
Milei insistió en que el ajuste “es el único camino para evitar una catástrofe mayor”, pero evitó dar precisiones sobre cuánto tiempo más durará la crisis. Su pedido de paciencia, sin embargo, generó reacciones adversas en redes sociales, donde miles de usuarios le reclamaron explicaciones sobre los recortes en salud, educación, transporte y asistencia social.
La oposición reaccionó de inmediato. Dirigentes peronistas y radicales cuestionaron al Presidente por reconocer el problema sin asumir responsabilidades en los resultados. “No es suficiente admitir que la economía no funciona; hace falta un plan que cuide a la gente”, afirmó un diputado de Unión por la Patria. Otros dirigentes denunciaron que el Gobierno profundiza la recesión con políticas que “solo generan pobreza y exclusión”.
Incluso algunos economistas afines al oficialismo mostraron preocupación por el impacto del ajuste. Señalaron que la ausencia de medidas para estimular la producción y proteger el empleo podría agravar la recesión durante los próximos meses. También advirtieron sobre el riesgo de un deterioro social que complique la gobernabilidad.
Mientras tanto, los gremios anticiparon nuevas protestas ante un escenario de despidos, salarios congelados y pérdida de poder adquisitivo. La CGT analizó convocar a una jornada de movilización nacional, mientras sectores de trabajadores estatales denunciaron que “no hay margen” para seguir soportando el ajuste.
Las cámaras empresarias también se sumaron al reclamo: advierten que las ventas se desploman y que la incertidumbre económica retrasa inversiones. Pequeños comerciantes y pymes se encuentran entre los más golpeados, con cierres crecientes y un deterioro que recuerda los peores meses del macrismo.
El pedido de Milei aparece en un momento particularmente sensible: su imagen cae en las encuestas, los escándalos de funcionarios deterioran la credibilidad del Gobierno y la ciudadanía muestra una creciente frustración. El Presidente sostiene que el futuro “será mejor”, pero la realidad económica actual contradice esa lectura.
Reconocer la crisis es un gesto necesario, pero insuficiente. La ciudadanía no necesita más pedidos de paciencia: necesita políticas que protejan, medidas que reactiven y un Estado que no mire para otro lado mientras el bolsillo se vacía. El discurso de Milei empieza a resquebrajarse frente a la dureza de los datos. Y cuando el relato no se sostiene en la realidad, el costo político se acelera. Paciencia sí, resignación no.
Fuente: Primereando las noticias



