Un informe reciente reveló un dato alarmante: el consumo de lácteos cayó casi un 8% en febrero, reflejando el impacto directo de la crisis económica en los hábitos alimentarios de la población. Los especialistas alertan que este nivel de caída no se veía desde los años posteriores al 2001.
El relevamiento, realizado por cámaras del sector y organismos de análisis alimentario, indica que la baja no solo afecta productos premium, sino también a los lácteos básicos: leche fluida, yogurt, quesos blandos y manteca. La caída del poder adquisitivo explica gran parte de esta tendencia.
En muchos hogares, la leche —históricamente un producto esencial— pasó a ser un bien casi de lujo. Familias de sectores populares declararon que consumen la mitad de lo que compraban hace seis meses. “Antes tomábamos leche todos los días; ahora, solo cuando se puede”, relataron testimonios recogidos en el informe.
La industria láctea atraviesa un escenario crítico: baja en ventas, aumento de costos, caída de producción y dificultades para sostener la cadena logística. Algunas empresas pequeñas ya evalúan cierres parciales o reducción de personal.
La sustitución por bebidas alternativas más baratas también crece, aunque especialistas advierten que esas bebidas no reemplazan los nutrientes esenciales de los lácteos, sobre todo en niños. La inseguridad alimentaria se profundiza.
En paralelo, organizaciones sociales alertan que los comedores comunitarios reciben cada vez menos leche en sus entregas. Denuncian que los recortes del Gobierno golpean directamente a los sectores que más la necesitan.
La caída del consumo es también un indicador macroeconómico: cuando las familias dejan de comprar alimentos esenciales, significa que el ajuste llegó a un punto crítico. “Este dato es peor que la inflación: habla de hambre”, afirmaron especialistas en consumo masivo.
El Gobierno aún no anunció medidas específicas para el sector, mientras los productores exigen intervención para sostener la actividad y evitar cierres masivos.
El consumo de leche es un termómetro social. Cuando cae, cae todo: cae la niñez, cae la salud, cae el país. Ningún modelo económico puede considerarse exitoso mientras la mesa de los argentinos siga vaciándose.
Fuente: El Destape



