La interna dentro del Gobierno nacional volvió a quedar expuesta tras la controversia generada por el millonario crédito otorgado por el Banco Nación a un funcionario del propio oficialismo. Mientras el ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, aseguró públicamente que “no hay nada raro” en la operación crediticia, la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, tomó la decisión de desplazar al funcionario involucrado, lo que profundizó las sospechas y contradijo directamente la línea discursiva del equipo económico.
El caso salió a la luz luego de que se conociera que un funcionario de la cartera que conduce Pettovello había accedido a un crédito millonario otorgado por el Banco Nación en condiciones excepcionales. La noticia generó indignación pública debido a que se produjo en un contexto de fuertes restricciones crediticias para el común de la población y las pymes, así como en medio de congelamientos presupuestarios en áreas clave del Estado.
Caputo, intentando poner paños fríos, afirmó que la operación era “regular” y que no existía ninguna anomalía administrativa. Sin embargo, sus declaraciones fueron rápidamente desmentidas en los hechos: Pettovello no solo apartó al funcionario, sino que ordenó una auditoría interna para determinar responsabilidades y revisar otros posibles beneficios indebidos.
La decisión de la ministra generó un impacto político inmediato. Por un lado, dejó al descubierto divergencias dentro del gabinete respecto a cómo enfrentar los casos de sospecha de corrupción o privilegios internos. Por otro, evidenció que la línea estricta de Caputo, centrada en minimizar escándalos para sostener la estabilidad económica, no coincide con la postura más defensiva y reactiva del Ministerio de Capital Humano.
Según fuentes cercanas al oficialismo, el episodio reavivó tensiones previas entre Pettovello y Caputo. La ministra, una de las funcionarias más resistidas internamente por su manejo del área social, busca resguardar su imagen frente a las críticas crecientes por recortes y conflictos con organizaciones. En ese contexto, su decisión de echar al funcionario aparece como una señal de firmeza hacia dentro y hacia afuera.
Mientras tanto, desde sectores opositores reclamaron explicaciones formales y denunciaron que el caso podría ser apenas “la punta del iceberg” en una serie de beneficios discrecionales otorgados a miembros del oficialismo en plena crisis económica. Legisladores ya solicitaron informes al Banco Nación para detallar las condiciones del crédito y los antecedentes de su aprobación.
El propio presidente Javier Milei evitó referirse al tema de manera directa, aunque desde la Casa Rosada dejaron trascender que respalda la “tolerancia cero” a cualquier hecho que pueda ser interpretado como privilegio político. No obstante, esa posición contrasta con las declaraciones de Caputo, lo que alimenta la percepción pública de un gabinete en descoordinación.
Analistas políticos señalan que el conflicto vuelve a poner el foco en las dificultades del Gobierno para mantener una narrativa unificada frente a escándalos internos. Mientras Milei intenta sostener una imagen de transparencia y meritocracia, episodios como este erosionan su discurso y alimentan cuestionamientos sobre quién controla realmente las decisiones administrativas.
Por otra parte, la renuncia forzada del funcionario podría derivar en nuevas investigaciones y revelar más irregularidades en la estructura del Ministerio de Capital Humano, una cartera que ya se encuentra en el centro de la polémica por denuncias de subejecución, maltratos y fallas en programas sociales esenciales.
El choque entre Caputo y Pettovello no es solo un desacuerdo técnico: expone las fisuras internas de un Gobierno que oscila entre la ortodoxia económica, la improvisación política y la presión social creciente. Mientras el ministro intenta proteger la estabilidad del frente financiero minimizando los escándalos, Pettovello actúa defendiendo su supervivencia política en una cartera bajo fuego permanente. La pregunta que deja este episodio es evidente: ¿quién manda de verdad dentro del gabinete? Lo que parece claro es que, en medio de la crisis, las incoherencias internas empiezan a hacer más ruido que las explicaciones oficiales.



