Murió Hernán Santos Nicolini, el histórico relator de boxeo

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El momento icónico fue cuando el santafesino le ganó el título del mundo a Nino Benvenuti. El libro “Todas las voces todas”, de Ediciones Al Arco, le rinde tributo en un capítulo.

En septiembre último Walter Saavedra; hace poquito Marcelo Araujo y Ernesto Cherquis Bialo; ahora Hernán Santos Nicolini. La muerte (“A la muerte habría que matarla”, decía Osvaldo Ardizzone ante el fallecimiento de gente querida) se ensañó en estos tiempos con grandes figuras del periodismo deportivo.

Nicolini fue un referente en el mundo del boxeo, desde todos los roles periodísticos posibles. Era además un notable productor de eventos. “Santitos” le decían todos en el ambiente porque desde muy pibito había empezado abrirse espacios con su talento, su picardía y su habilidad para las relaciones públicas.

En los últimos tiempos luchó mucho contra una fractura que lo había postrado, y luego con una potente neumonía. Se nos fue el enorme Nicolini a los 81 años. Tan enorme como él es el pesar por su pérdida.

A continuacion, se reproduce un capítulo del libro “Todas las voces todas”, sobre historias de relatos y relatores en las transmisiones deportivas:

–Tenés que relatar la pelea esta noche –me dijo.

–Pero si pelean en el Madison.

–Lo haces por televisión, en un estudio en Palermo. Tenés que decir que estás transmitiendo directamente “desde aquí”, sin más precisiones.

Solo faltaba el parche de pirata. “Siempre fui un caradura encubierto”, dice este singular personaje que descubrió el amor por la radio y por el boxeo cuando en el colegio primario les permitieron a los alumnos escuchar el relato de la pelea en la que Pascualito Pérez le ganó al japonés Yoshio Shirai y se consagró campeón del mundo.

Cree haber relatado más de dos mil peleas, 150 de ellas por títulos mundiales. Vio combates como relator, como espectador y como curador de boxeadores entre round y round, un oficio que le había enseñado Angelo Dundee. Y como habla varios idiomas (español, inglés, italiano, francés), fue asesor de Tito Lectoure en los acuerdos internacionales y la confección de los contratos de las peleas de boxeadores argentinos. Sabía de leyes porque su papá, Hernando Nicolini, era abogado penalista, uno de los secretarios de Eva Perón.

En el living de su departamento del barrio de Once se destaca como decoración un poster de la pelea en la que Carlos Monzón le arrebató el título al italiano Nino Benvenutti. Nicolini, a sus 24 años, había adquirido los derechos de transmisión de ese combate y recuperó la inversión vendiéndole el permiso a Radio Rivadavia. Acordaron con José María Muñoz que con Osvaldo Caffarelli relatarían un round cada uno, Caffarelli los impares y él los pares. La pelea se definió en el decimosegundo round y todo el país escuchó ese capítulo en la voz de Nicolini.

Es capaz de repetir palabra por palabra todo lo que dijo en el momento de la consagración de Monzón. También fue la de él.

Además de boxeo relató fútbol, ciclismo, automovilismo y otros deportes que apenas conocía en los Juegos Olímpicos de Múnich ’72, contratado por la cadena colombiana Todelar.

¿Los mejores relatores de boxeo? Bernardino Veiga, Caffarelli, Fioravanti y Ricardo Arias. “Esos corren con la fusta bajo el brazo, yo vengo de atrás, pegando”, dice en una metáfora burrera quien llegó a ser propietario de 40 caballos de pura sangre.

Ganó fortunas y se la gastó casi toda en viajes. “Conozco más de 70 países”, dice a modo de orgullosa explicación.

Fuente: Pagina 12

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