La Provincia de Buenos Aires da un paso soberano sobre la producción de cáñamo industrial

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El ministro Javier Rodríguez remarcó el valor de avanzar en la producción de un posible insumo para alimentar animales, personas, hacer hormigón e, incluso, combustible. El valor de recoger un legado de Manuel Belgrano.

“Necesitamos producir más y mejor, pero también producir distinto”, dice Javier Rodríguez. De esta manera, subraya el valor de la puesta en marcha de un ensayo de cáñamo que retoma una larga tradición productiva argentina. Precisamente, tiene como antecedente un proyecto trunco de Manuel Belgrano vinculado a insumos textiles y navales. Hoy, la Provincia, apunta a obtener información sobre un cultivo que puede cambiar la ecuación a la hora de alimentar animales e incursionar en la construcción.

Esta experiencia de investigación aplicada se realiza en la Chacra Experimental Integrada El Pato perteneciente al Ministerio de Desarrollo Agrario bonaerense, en conjunto con la Universidad Nacional Arturo Jauretche (UNAJ) y el municipio de Berazategui. Está centralizada en la variedad de cáñamo Lupin 2010 y es un trabajo realizado por la UNAJ, el Conicet y la cartera que lidera Rodríguez.

Para el ministro, fomentar este cultivo “es clave para una provincia como Buenos Aires” y sostiene que “estos ensayos permiten generar conocimiento concreto para ese camino”. Según estudios recientes, esta variedad de la planta del cannabis, cuyo nivel de THC es ínfimo, tiene múltiples aplicaciones que la vuelven un producto atractivo para su comercialización porque se aprovecha la totalidad de la planta: semilla, fibra y lo que se conoce como biomasa.

Desde hormigón de cáñamo que es ignífugo, pasando por bioplásticos que son buscados por la industria automotriz y biomasa para el desarrollo de combustibles como el bioetanol, hasta usos alimenticios tanto para animales como personas por el alto contenido proteico de las semillas, el cáñamo industrial presenta una versatilidad que, a juicio del Ministerio de Desarrollo Agrario, merece ser explorada y explotada.

Esta mirada incluye un perfil soberano sobre la producción. Raúl ‘Rulo’ Cattaneo, coordinador del Programa de Mejoramiento Genético Vegetal de la Provincia, advierte a Buenos Aires/12 que la firma de los convenios para avanzar en estos desarrollos apunta a no depender de la importación de semillas extranjeras. “Los registros muestran que, a partir de 2025 se están importando semillas de cannabis, más de 10 toneladas anuales que no está detallado, pero lo más probable de cáñamo industrial por estar habilitada a nivel nacional”, indica.

“En lo estratégico, lo que queremos marcar es que el país tiene que tener semillas nacionales y tiene que tener capacidad para generar nuevas variedades”, subraya el especialista. Por eso, pone en valor que ya se está tramitando la registración de dos variedades de semillas de cáñamo a partir de los estudios realizados entre el MDA y otros actores privados.

La bandera de Belgrano

Desde el Ministerio de Desarrollo Agrario remarcaron que esta experiencia en una de las 16 chacras experimentales que tiene la Provincia, tiene un puente directo con las ideas de Manuel Belgrano. A fines del siglo XVIII, el creador de la bandera ya promovía el cultivo del cáñamo como herramienta estratégica para el desarrollo económico y la producción de insumos textiles y navales. Aunque aquellas iniciativas no prosperaron, sostiene, su mirada anticipó debates productivos que hoy vuelven a cobrar vigencia.

Para la década del setenta, llegó la prohibición del cáñamo, por lo que un cultivo que ya era limitado, quedó trunco. De todas maneras, las experiencias industriales que alcanzaron mayor desarrollo se llevaron a cabo en la provincia de Buenos Aires. “Hoy, el ensayo que se desarrolla en El Pato recupera esa tradición desde una lógica contemporánea, basada en la articulación entre el Estado provincial, la universidad y el sistema científico”, apuntaron desde la cartera agraria.

Por su parte, Rodríguez señaló que “cuando la investigación se hace en el territorio y con objetivos productivos claros, el impacto llega mucho más rápido”. Según explicaron, el ensayo contempló tres fechas de siembra, que fueron el 20 de octubre y 29 de diciembre de 2025 y 19 de enero de 2026. El objetivo central es evaluar cómo incide cada ventana en el desarrollo, el rendimiento y el comportamiento general del cultivo. “También se estudian distintas densidades para analizar su impacto en la producción de biomasa y granos por metro cuadrado, además de su respuesta sanitaria y fenológica”, detallaron.

Como agregado no menor para la realidad alimentaria bonaerense, en la última fecha de siembra, el cáñamo se implantó en asociación con tomate, zapallo anco y maíz, una estrategia clave para el cinturón hortícola bonaerense, donde los esquemas diversificados permiten mejorar la eficiencia productiva y la sustentabilidad de los sistemas.

En paralelo, tal como detalla Cattáneo, el cáñamo “captura más dióxido de carbono que otros cultivos”. Efectivamente, una hectárea de cáñamo puede absorber entre 9 y 15 toneladas de CO2, lo que, según estudios recientes, lo convierte en un aliado clave para el cumplimiento de metas ambientales y la generación de bonos de carbono.

Si bien aún su producción es incipiente y no existen registros nacionales claros sobre el volumen de siembra y cosecha del cáñamo, otras experiencias privadas alientan la visión sobre el potencial de este cultivo. En Chacabuco y Balcarce, se realizó la primera cosecha de cáñamo industrial del país después de 50 años. Fue realizada en 2023 y consolidada con ciclos de siembra en 2024-2025. Al frente estuvo la firma Industrial Hemp Solutions (IHS), líder en el sector, que eligió estas localidades bonaerenses para validar 15 variedades genéticas importadas, principalmente polacas, rumanas y alemanas.

Fuente: Motor Economico

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