El monto de las ventas creció 29,8% en enero, impulsada por la inflación. Aunque el movimiento se mantiene, el volumen de compra no se recupera y se profundiza un patrón de consumo más restringido.
En enero de 2026, los supermercados de Salta facturaron $39.826.110 miles de pesos, lo que representa un incremento interanual del 29,8%, según la Encuesta de Supermercados del INDEC. El dato ubica a la provincia por encima del promedio nacional, pero no modifica la tendencia de fondo: el consumo real continúa en retroceso, en línea con la caída del 1,2% interanual en las ventas a precios constantes a nivel país.
El crecimiento en pesos responde al aumento sostenido de los precios. En todo el país, las ventas en supermercados alcanzaron $2.339.233.325 miles de pesos, con una suba en pesos del 25,1% interanual, pero ese incremento no refleja un mayor volumen de consumo, sino principalmente el efecto de la inflación. Tal como señala el informe, el índice de ventas a precios constantes muestra una caída, lo que indica que “las cantidades vendidas” no acompañan el aumento de la facturación.
El dato por habitante refuerza esa brecha. En Salta, el gasto en supermercados alcanza los $26.688 por persona, muy por debajo de los niveles registrados en los principales centros urbanos del país, donde esa cifra se multiplica varias veces. La diferencia no responde solo a precios, sino también a menores ingresos y a un patrón de consumo más limitado, que en parte se desplaza hacia canales alternativos.
Los indicadores operativos muestran cómo se traduce esa restricción en la práctica. En la provincia funcionan 56 bocas de expendio, que en conjunto registraron 1.122.440 operaciones durante el mes.
Las ventas por metro cuadrado alcanzaron los $549.612, por debajo del promedio nacional de $691.098, lo que refleja una menor intensidad de consumo dentro de los propios puntos de venta. A su vez, las ventas por boca se ubicaron en $711.181 miles de pesos, también por debajo del promedio general.
El ticket promedio ayuda a completar el cuadro. En Salta se ubicó en $35.482, prácticamente en línea con el promedio nacional de $34.840. Más que un mayor poder de compra, el dato marca un piso de gasto cada vez más alto para acceder a una canasta similar o incluso más reducida.
A pesar de ese contexto, la actividad se mantiene. La cantidad de operaciones da cuenta de un consumo que no se retrae en términos de circulación, pero sí cambia su forma: compras más frecuentes y de menor volumen, con decisiones cada vez más ajustadas.
La composición del gasto confirma esa tendencia. A nivel nacional, los mayores incrementos se registraron en productos básicos como “Carnes”, con una suba del 49,4%, y “Verdulería y frutería”, con 38,3%, “Alimentos preparados y rotisería”, con 32,5%; y “Panadería”, con 27,2%, lo que indica que el gasto se concentra en bienes esenciales.
Consumo a crédito
El análisis de los medios de pago también aporta una señal clara del contexto. Las tarjetas de crédito explican el 43,1% de las ventas, con un total de $1.008.091.342, consolidándose como el principal instrumento de pago.
Les siguen las tarjetas de débito, con el 25,0% del total y $585.091.752, mientras que el efectivo representa el 17,1%, con $400.405.802.
Por su parte, los “otros medios de pago”, que incluyen billeteras virtuales, códigos QR y vales, concentran el 14,8% de las ventas, con $345.644.429, y muestran el mayor crecimiento interanual, con una suba del 63,1%.
La composición de estos datos muestra que el consumo cotidiano se sostiene en gran medida a través del crédito. En un escenario de inflación sostenida, donde los precios avanzan por encima de los ingresos, la posibilidad de financiar compras o diferir pagos se vuelve un elemento central para mantener el nivel de gasto.
El peso dominante de las tarjetas, junto con el crecimiento acelerado de los medios digitales, no solo refleja cambios en los hábitos de pago, sino también una adaptación a un contexto más restrictivo. Los hogares reorganizan sus decisiones de consumo en función de sus posibilidades financieras, combinando distintos instrumentos para sostener compras en un entorno de pérdida de poder adquisitivo.
En ese marco, el uso del crédito permite sostener la circulación, pero no modifica el límite estructural: la cantidad de bienes adquiridos no crece. El sistema se mantiene activo, aunque cada vez más apoyado en mecanismos que trasladan el pago hacia adelante.
Empleo y salarios: más costos, menos personal
Los datos sobre empleo y salarios en el sector a nivel nacional completan el cuadro. En enero, el personal ocupado en supermercados alcanzó los 99.014 trabajadores, lo que representa una caída del 1,5% interanual, según el INDEC.
A pesar de la reducción en la dotación, los costos laborales crecieron con fuerza. El costo total ascendió a $233.239.708, con un aumento del 34,6% interanual, mientras que los salarios brutos sumaron $183.229.847, con una suba del 32,1%.
Según el INDEC, los salarios alcanzaron en promedio los $1.850.545, con diferencias marcadas entre jerárquicos, que percibieron $3.986.647, y el resto del personal, con $1.585.539.
La combinación de estos datos muestra una dinámica similar a la del consumo: los ingresos crecen en términos nominales, pero en un contexto de inflación elevada, ese aumento no necesariamente se traduce en una mejora real del poder adquisitivo. Al mismo tiempo, la caída en el empleo sugiere un ajuste en la estructura de costos de las empresas, que enfrentan mayores gastos salariales en un escenario de ventas reales estancadas.
En ese equilibrio, el sector mantiene la actividad, pero con menos personal y mayores costos. Es un esquema que refleja la tensión general de la economía: ingresos que corren detrás de los precios y empresas que sostienen el funcionamiento ajustando en los márgenes.
Fuente: Pagina 12



