En paralelo a la indefinición del macrismo, el exgobernador cordobés Juan Schiaretti comenzó a mover sus piezas con el objetivo de ganar protagonismo en el armado nacional.
Según trascendidos políticos, si el PRO finalmente decide competir con un candidato propio, Schiaretti aspira a colocar al vicepresidente dentro de esa fórmula, en lo que sería un intento de consolidar un espacio de centro federal con peso real en la toma de decisiones.
La jugada no es menor. Córdoba representa uno de los distritos más importantes del país en términos electorales, y Schiaretti conserva una estructura política sólida tras años de hegemonía provincial. Su espacio, identificado con el peronismo no kirchnerista, busca posicionarse como una alternativa intermedia entre el oficialismo libertario y el kirchnerismo.
El posible acuerdo con el macrismo responde a una lógica pragmática: unir fuerzas para competir con mayores chances en un escenario fragmentado. Sin embargo, también expone tensiones latentes, ya que implicaría negociar liderazgos, identidad política y distribución de poder.
En este contexto, la figura de Schiaretti aparece como un actor clave en la construcción de alianzas de cara a 2027. Su intención de influir en la fórmula presidencial no solo revela ambición política, sino también la importancia estratégica de Córdoba en el mapa electoral nacional.



