La interna en la Casa Rosada suma un nuevo capítulo de tensión. En los pasillos del poder ya no se habla en voz baja: cada vez con más fuerza circula la posibilidad de una salida de Manuel Adorni, golpeado por una serie de escándalos que empiezan a salpicar directamente la imagen del presidente Javier Milei.
Según trascendió en distintos sectores del oficialismo, el desgaste político del jefe de Gabinete dejó de ser un problema individual para convertirse en un costo estructural del gobierno. “Está destruyendo la imagen del Presidente”, reconocen incluso dentro del propio espacio libertario.
De vocero a problema político
El funcionario, que supo ser una de las caras más visibles del relato libertario, atraviesa su momento más delicado desde que llegó al poder. Las polémicas por su nivel de vida, viajes y presuntos beneficios cruzados comenzaron a erosionar su figura pública.
En paralelo, investigaciones periodísticas y denuncias políticas pusieron bajo la lupa su patrimonio y vínculos, generando una tormenta que ya no puede ser contenida únicamente desde la comunicación oficial.
El problema, sin embargo, excede a su figura: en el Gobierno reconocen que el impacto negativo ya se trasladó a la percepción sobre la gestión de Milei, en un contexto donde la narrativa anticasta es uno de los pilares centrales del oficialismo.
El factor “imagen” que preocupa en Olivos
El deterioro no es solo mediático. En la Casa Rosada admiten que las encuestas comenzaron a reflejar una caída en la aprobación presidencial, con números que perforan el piso simbólico del 40% en algunos estudios recientes.
La preocupación es clara: lo que comenzó como un escándalo personal podría convertirse en un problema político de mayor escala.
En ese escenario, crecen las versiones de reuniones reservadas en Olivos donde se evalúan cambios en áreas sensibles del gabinete, incluyendo la Jefatura de Gabinete y sectores vinculados a inteligencia.
Negaciones públicas, dudas privadas
Mientras tanto, tanto el propio Adorni como Milei salieron públicamente a desmentir versiones sobre su salida, calificando las informaciones como falsas.
Sin embargo, en la política argentina las desmentidas no siempre alcanzan para frenar los procesos de desgaste.
Puertas adentro, el dato más relevante no es lo que se dice en público, sino lo que empieza a discutirse en privado:
la posibilidad de que el Gobierno tenga que sacrificar una de sus principales figuras para intentar recomponer la iniciativa política.



