La diferencia entre jugar a ganar y no jugar. La “agenda” de “el Campo”. Las multinacionales. La geopolítica. Un verdugo cipayo de Presidente. El régimen de lluvias. Las guerras: la actual, la anterior y la que viene. Una propuesta para dejar de llorar.
En alguna nota reciente comentamos al pasar que entre el 10 y 13 de marzo tuvo lugar la Feria Expoagro, y que esta sirve de termómetro para medir y evaluar no sólo las tendencias tecnológicas del complejo agropecuario, sino también para semblantear el “clima” político del sector, sus agendas, internas y loobies.
Es por eso que por sus puestos, pasillos, eventos y conferencias pasan personajes de todo tipo y color. La mayoría para concretar o proyectar negocios; los menos, para hacerse ver. En ese marco, miles de personas acuden cada año a la Feria; se los cruzan y más de una vez tienen que escucharlos.
Recomendamos al lector que -si nunca fue- vaya. Está buena la muestra.
Este año, los que dieron la nota fueron los de la Fundación Barbechando. Dirían los estadounidenses, un “think tank” del sector. Un “tanque de pensamiento” que tiene por función elaborar propuestas legislativas y programas de aplicación para el complejo agropecuario. Su lema es, “La voz del Campo en el Congreso”. Una declaración de principios que materializan de varias maneras. Articulan voluntades, hablan con todos los actores de la cadena y sus segmentos, inciden permanentemente entre diputados, senadores, grupos de asesores y consultoras vinculadas al microclima legislativo.
Los resultados de las tareas de este tipo de entidades tienen resultados constatables a simple vista: las discusiones de los principales grupos de interés dentro del sector están permanentemente en los medios, en los proyectos de ley y en las propuestas de políticas públicas.
A esto le llamamos desde esta Redacción “jugar a ganar”. El sector de lo propone, se crea un ámbito de trabajo que lo traccione por sí mismo, y con distintos artilugios tácticos busca el resultado positivo. No siempre ganan, pero venden cara la derrota y van por más.
La “agenda” de “el Campo”
“Barbechando” tuvo su gran jornada durante la Feria. El jueves 12 de marzo los dos máximos referentes de la fundación – Ángeles Naveyra, presidenta, e Ignacio Garciarena, secretario- expusieron los cinco ejes principales del programa común que vienen desarrollando y perfeccionando hace años:
-Libre mercado y eliminación de retenciones.
-Propiedad intelectual y Ley de Semillas.
-Ley de Riego: Argentina tiene potencial para pasar de 2,1 a 7,5 millones de hectáreas irrigadas.
-Ley Nacional de Fitosanitarios: con estándares científicos unificados.
-Seguros climáticos y actualización de la Ley de Emergencia Agropecuaria.
La consigna que enlaza los cinco ejes es la de construir leyes los suficientemente definitivas, que “no permita que nadie pueda volver a hacer daño interviniendo los mercados”, dijo Naveyra. Más que una propuesta de trabajo o exposición de reivindicaciones del complejo agropecuario, es un programa de poder.
Poder que construyen cada día y lo ejercen. El objetivo de Barbechando es conocido públicamente. Ellos trabajan en lo que denominan Espacio Legislativo Interpartidario del Agro (ELIA). Su objetivo es lograr un piso entre Senadores y Diputados de 166 legisladores; número que les permite tener quorum propio en ambas cámaras con el cual “proteger” al sector.
En criollo: tener “músculo” para impulsar legislaciones o defenderse de las que pudieran afectarlos. Además, se trata de una política trasversal a los espacios políticos con representación parlamentaria y que va más allá de los periodos de mandato de cada legislador.
Vale aclarar dos “cositas”. La política impulsada para el Congreso Nacional tiene réplicas en las legislaturas provinciales. Asimismo, desde la Fundación motorizan el Espacio Parlamentario Agroindustrial Sudamericano (EPAS). Este armado tiene presencia activa en Argentina, Brasil, Chile, Paraguay, Uruguay, Colombia y Perú. Buscan ahora hacer pie en Bolivia y Ecuador.
Juegan a ganar y les va muy bien. En Expoagro, en la actividad del 12 de marzo, reunieron a más de 50 senadores y diputados nacionales de La Libertad Avanza, el PRO, Unión por la Patria, la Coalición Cívica y el Partido Justicialista, partidos provinciales, etc. Menos el FIT, todos los bloques estuvieron representados con figuras importantes que compartieron almuerzos y recorridas técnicas.
Estuvieron desde Alberto y Joaquín Benegas Lynch, hasta Victoria Tolosa Paz; pasando por Miguel Pichetto, Maximiliano Ferraro, Esteban Paulon, Guillermo Montenegro, Marcelo Lewandowski y Guillermo Michel. Nombrarlos a todos sería excesivo para una nota periodística, pero tenemos la lista.
Aquí cabe otra aclaración: que acudan al evento no está mal. Ojalá vayan todos. Lo importante es lo que hagan después a la hora de legislar.
Hasta el momento, no escuchamos ninguna voz disidente respecto del programa de acción expresado por la Fundación. Por el contrario, las pocas declaraciones del oficialismo estuvieron referidas a cómo adaptar el Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones (RIMI), que propone beneficios fiscales como la amortización acelerada y la devolución de IVA para fomentar la incorporación de bienes de capital, para que los actores del complejo agropecuario accedan al mismo. O bien, la diputada Tolosa Paz hizo hincapié en trabajar en la búsqueda de llevarle “tranquilidad al inversor” mediante leyes de riego y semillas.
En criollo: están adentro del programa con patas y todo.
Lo que viene pronto
Los cinco ejes que impulsa barbechando no nacieron de un repollo ni los trajo la cigüeña envueltos en un trapo. Son producto de años de trabajo y de aproximaciones sucesivas sobre problemas reales que tiene el complejo agropecuario.
Naturalmente, las dificultades son capeadas por el pequeño y mediano productor o prestador de servicios. Las iniciativas son impulsadas por el complejo de empresas exportadoras extranjeras, bancos, semilleras, aseguradoras, pooles de siembra, laboratorios y las grandes marcas de la metalmecánica.
Así, por un lado, las entidades representativas de los productores pelean por lo de siempre: quita de retenciones y otros impuestos, acceso al crédito, infraestructura, facilidades de acceso a insumos y maquinarias. Es decir, no necesitan mercado, sino que requieren o mejor precio o mayor margen de rentabilidad.
Piden eso porque a los conductores del negocio global les conviene esa discusión, y no hay actores políticos con el suficiente peso específico que a nivel nacional o regional estén proponiendo otro programa, con otra lógica, y donde también se invite a producir sin perder dinero y capital.
Como representante insigne de la cadena internacional del agro está el propio Presidente de la Nación, Javier Milei, que ayer lunes trató de “boludos” e “idiotas” a los sectores que ponen en discusión cuestiones claves como la cuestión de las patentes semilleras. Estas son un reaseguro mayor para las multinacionales del rubro, y una condena eterna para el productor que tendrá que pagar regalías y derechos de propiedad intelectual a estas empresas por usar su propia semilla. Usura pura y dura.
La otra discusión que vuelve a ocupar los primeros planos y data de la época de Alberto Fernández es la de alcanzar una producción anual de 200 millones de toneladas y trabajar para proyectar 300 millones.
Esto implicará no sólo ampliar la cantidad de superficie cultivable, sino también implementar paquetes tecnológicos y herramientas que aún no están lo suficientemente difundidas en el entramado productivo. Esto incluye desde estructuras de riego a maquinaria agrícola específica, pasando por insumos agroquímicos y fitosanitarios que requiere un tipo de semilla determinado en el marco de un planteo agrícola determinado. El análisis puede extenderse hacia el plano ganadero con discusiones equivalentes.
Una ocurrencia final
El programa que expresa Barbechando -con fundamental gestación en el Consejo Agropecuario Argentino (CAA)- no asombra a nadie que conozca la actividad y nos invita a construir un país para algunos sectores relacionados a la actividad, y el “derrame de consumo” que eso genere.
Ya vimos que este modelo lo compra todo el arco político. La discusión más complicada pasa por el porcentaje a cobrar por retenciones y qué hacer con esos fondos. El dilema ahí se plantea entre un país para el 20% de la población actual -como proponen las extranjeras y Milei-, o una Argentina para el 40%, como impulsan las mentes más lúcidas de la “oposición”.
Ahí se termina la discusión y queda claro quienes juegan a ganar y quienes no juegan.
Las excusas para no intentar jugar también las conocemos. Por un lado, están los vaivenes del régimen de lluvias, sus sequías e inundaciones. Ambas facetas garantizan ganar tiempo y entretenimiento, mientras paga el pequeño y mediano productor y el resto del pueblo.
Por otro lado, están las excusas relacionadas con las guerras. La de Rusia y Ucrania fue tema para los Fernández-Massa. La actual de Estados Unidos, Israel contra Irán está dejando tela para para cortar respecto de la vulnerabilidad absoluta de nuestro país ante el entramado de negocios internacionales. Los conflictos que viene no sabemos cuáles serán o dónde se desatarán primero, pero podemos prever cuál será el perjuicio para nuestro país de no cambiar de lógica.
La cuestión sigue estando en la contradicción liberación o dependencia. Por el momento, la segunda gana por varios cuerpos de ventaja.
Sin embargo, siempre se puede hacer algo para modificar las cosas.
Aprendemos de los “Barbechando” de la vida. Ellos se juntan con todos. A todos preguntan, a todos escuchan, y a todos observan. Desde el gerente de una multinacional exportadora hasta el peón más infeliz. Luego juntan la información, la analizan, la formatean, elaboran propuestas, las negocian, las prueban, las adaptan y las transforman en proyectos de ley o programas de políticas públicas.
Ché…. ¿Y si desde el Movimiento Popular dejamos de llorar y empezamos a hacer algo parecido pero a nuestro criterio?
Por Pablo Casals



