La Justicia Federal confirmó la identificación de los restos de Mario Alberto Nívoli, un cordobés nacido en la localidad de Ucacha que permanecía desaparecido desde 1977 durante la última dictadura cívico-militar. El hallazgo se produjo en el predio donde funcionó el ex centro clandestino de detención La Perla, uno de los principales espacios de represión ilegal del país.
La identificación fue posible gracias a los estudios antropológicos y genéticos realizados por el Equipo Argentino de Antropología Forense, en el marco de excavaciones realizadas en 2025 en el sector conocido como “Loma del Torito”, dentro del predio militar de La Calera. Los peritajes se llevaron adelante por orden del Juzgado Federal N.º 3 de Córdoba, a cargo del juez Hugo Vaca Narvaja, que investiga enterramientos clandestinos vinculados al terrorismo de Estado.
Nívoli se convirtió así en el primer nombre confirmado entre los doce restos humanos identificados recientemente en ese sitio, donde continúan los trabajos de búsqueda y análisis para reconstruir el destino de personas detenidas-desaparecidas durante la dictadura.
Quién fue Mario Alberto Nívoli
Mario Alberto Nívoli, apodado “Tito” por sus allegados, nació el 25 de abril de 1948 en Ucacha. Durante su juventud se trasladó a Santa Fe, donde estudió Ingeniería Química en la Universidad Nacional del Litoral. En esa etapa universitaria comenzó su militancia política en la Juventud Universitaria Peronista, vinculada a la organización Montoneros.
Además de su formación académica, trabajaba como técnico electricista y había formado una familia con dos hijos pequeños. Según registros del Archivo Provincial de la Memoria, fue secuestrado en la madrugada del 14 de febrero de 1977 por un grupo de tareas que irrumpió en su vivienda del barrio General Paz, en la ciudad de Córdoba. En ese momento tenía 28 años.
Tras su captura fue trasladado al centro clandestino La Perla, donde permaneció detenido ilegalmente y desde entonces se perdió todo rastro de su paradero. Décadas más tarde, los responsables de ese circuito represivo fueron juzgados y condenados por delitos de lesa humanidad en la megacausa “La Perla-La Ribera-D2”, cuya sentencia se dictó en 2016.
El impacto en su familia
La confirmación de la identidad de los restos fue comunicada a su familia tras casi medio siglo de incertidumbre. Su hija, María Soledad Nívoli, tenía apenas cuatro meses cuando su padre fue secuestrado.
La mujer relató que recibió la noticia a través del abogado de la causa mientras realizaba actividades cotidianas. Según contó, la identificación significó una mezcla de conmoción, alivio y cierre para una búsqueda que se extendió durante décadas. “Mi papá dejó de ser desaparecido”, expresó al conocer el resultado de los estudios forenses.
Memoria, verdad y justicia
El hallazgo forma parte de las investigaciones que continúan desarrollándose en el predio de La Perla, considerado uno de los mayores centros clandestinos de detención, tortura y exterminio que funcionaron durante la última dictadura argentina entre 1976 y 1983.
Las autoridades judiciales informaron que las tareas de excavación y análisis continuarán, con el objetivo de identificar a otras víctimas cuyos restos podrían encontrarse en la zona. Para los organismos de derechos humanos y las familias, cada identificación representa un paso fundamental en la reconstrucción de la memoria colectiva y en la búsqueda de verdad y justicia después de décadas de impunidad.
Fuente: La Nueva Mañana



