A 50 años del golpe del 24 de marzo: memoria, militancia y el legado de Luis Justino Honores

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A medio siglo del golpe cívico–militar–eclesiástico del 24 de marzo de 1976, la memoria histórica vuelve a ocupar un lugar central en el debate público argentino. En ese contexto, la reconstrucción de las historias de militantes, trabajadores y dirigentes sociales víctimas del terrorismo de Estado permite comprender no sólo la dimensión del plan represivo, sino también el compromiso político y social de quienes fueron perseguidos, secuestrados y desaparecidos.

Entre esas historias se encuentra la de Luis Justino Honores, trabajador mecánico, obrero de la construcción y militante político, cuya trayectoria refleja el perfil de una generación comprometida con la organización sindical, la defensa de los derechos laborales y la transformación social.


Un trabajador, delegado sindical y militante

Luis Justino Honores se desempeñó como trabajador mecánico en Renault y fue delegado del gremio SMATA. Posteriormente trabajó en el sector de la construcción, donde también asumió responsabilidades gremiales como delegado de la UOCRA. Además, militaba en la Organización Comunista Poder Obrero (OCPO), desde donde desarrollaba tareas políticas vinculadas a la organización de trabajadores.

Quienes lo conocieron lo recuerdan como un trabajador comprometido, con firmes convicciones sociales y un fuerte sentido de solidaridad hacia sus compañeros. Su militancia sindical y política, así como su activa participación en conflictos laborales —entre ellos la toma de la Usina Termoeléctrica de Pilar— lo convirtieron en una figura reconocida dentro del ámbito obrero.

Más allá de su actividad política, sus allegados destacan su perfil humano: un hombre profundamente ligado a su familia, a su compañera Mirta y a sus hijas, amante de las peñas y del folklore, seguidor del reconocido artista popular Jorge Cafrune, y valorado por su sencillez y compromiso cotidiano.


Secuestro, tortura y muerte en un centro clandestino

Honores fue secuestrado el 3 de septiembre de 1976, en plena dictadura militar. Fue trasladado al centro clandestino de detención La Perla, uno de los principales espacios de represión ilegal del país.

Según testimonios posteriores, fue sometido a torturas sistemáticas que le provocaron graves lesiones físicas. Sobrevivientes relataron el deterioro de su estado de salud durante el cautiverio y describieron las condiciones de violencia extrema que sufrió, hasta su fallecimiento el 17 de noviembre de ese mismo año. Tenía 37 años.

Su caso constituye uno de los tantos ejemplos documentados en los juicios por delitos de lesa humanidad que evidencian la magnitud del plan represivo implementado durante la última dictadura.


Memoria, identidad y reflexión histórica

La recuperación de historias como la de Luis Justino Honores no sólo representa un ejercicio de memoria colectiva, sino también una reflexión sobre el papel de la militancia social, el compromiso sindical y las luchas por los derechos laborales en la historia argentina.

A 50 años del golpe, el recuerdo de trabajadores, estudiantes y militantes desaparecidos continúa interpelando a la sociedad sobre los valores democráticos, la justicia social y la defensa de los derechos humanos. En ese marco, el legado de Honores permanece presente como símbolo del compromiso de una generación que creyó en la posibilidad de construir una sociedad más justa.

Su historia, como la de miles de víctimas del terrorismo de Estado, forma parte del patrimonio de la memoria argentina y reafirma la consigna que atraviesa décadas de historia reciente: memoria, verdad y justicia.

Por Jorge Vasalo

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