SIN ASADO EN LA MESA: en Jujuy la venta de carne se desploma un 50% post-fiestas y estalla la bronca social”

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Mientras el Gobierno intenta instalar que la economía mejora, los números de consumo real lo desmienten: en Jujuy la venta de carne cayó la mitad después de las fiestas. Carnicerías alertan un derrumbe histórico, familias ajustan el menú y el asado pasa de tradición a lujo esquivo.

San Salvador de Jujuy atraviesa una crisis de consumo que ya no se esconde detrás del discurso oficial: tras el pico de las fiestas, la venta de carne vacuna cayó un dramático 50%, según denuncian cámaras comerciales y comerciantes del sector. Esa caída no se observa solo en kilos, sino también en la diversidad de cortes que llegan a las carnicerías, transformando el plato más argentino en un lujo cada vez más difícil de sostener.

Propietarios de carnicerías señalan que la retracción de la demanda se sintió con especial fuerza desde la segunda quincena de enero, cuando las familias empezaron a redirigir su gasto hacia bienes más básicos y dejaron de lado consumos considerados “prescindibles”, como cortes parrilleros o productos premium. “Antes del verano podíamos planificar los tres cortes clásicos del asado; hoy hay que ver si entra uno”, afirmó un carnicero del centro jujeño, visiblemente preocupado.

La realidad del consumo no solo golpea a los comercios: la cadena de valor completa se tambalea. Pequeños productores ganaderos de la región advierten que, con tan poca demanda, los precios que reciben por la hacienda bajan, lo que a su vez reduce su capacidad de inversión y mantenimiento de hatos. Es un círculo vicioso: menos consumo hoy implica menos producción mañana.

Economistas locales señalan que esta caída del consumo está empujada por dos fenómenos que convergen: por un lado, la pérdida de poder adquisitivo real del salario, y por otro, la persistencia de una inflación de alimentos que continúa por encima de los incrementos salariales y jubilatorios. “La gente no deja de comer carne porque quiere; deja de hacerlo porque no le alcanza”, sintetizó una economista consultada por este medio.

En los mercados populares y ferias, la situación es aún más cruda: los carniceros ambulantes remarcan que muchas familias directamente pasaron de la carne a proteínas más accesibles (pollo o cerdo) o, en muchos casos, a dietas con menor aporte proteico. Esta reconfiguración del consumo impacta de lleno en los hábitos alimentarios de amplios sectores populares.

Los consumidores, por su parte, expresan su enojo en cada ticket: “Antes los domingos eran con asado; ahora son con fideos”, se queja un vecino en la puerta de un supermercado, mientras muestra su carrito con productos básicos y sin presencia de cortes de res. Es una frase que se repite en plazas, redes sociales y reuniones familiares.

Por su parte, analistas señalan que este fenómeno no se limita a Jujuy: hay señales similares en otras provincias del NOA y del interior, donde el consumo de carne sigue siendo un termómetro sensible del bolsillo popular. La caída de la demanda en los cortes parrilleros suele ser uno de los primeros indicios de contracción del consumo de alimentos no esenciales.

Desde el gobierno provincial todavía no hubo una respuesta unificada que ataque el problema de fondo, y las promesas de estabilidad macroeconómica del Ejecutivo nacional parecen lejanas de los mostradores de las carnicerías del norte argentino. La economía real, la que se vive en cada mesa, sigue marcando una historia distinta.

La temperatura del verano puede llegar a bajar, pero la del consumo popular se derrite aún más rápido: este invierno promete ser, para muchos, una estación de ajustes y sacrificios, donde el asado en familia, ese ritual argentino, queda cada vez más distante del plato cotidiano.

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