La iniciativa nació a la vieja usanza, de boca en boca. Una bordadora le contó la idea a otra, que la compartió en su propio grupo, y así comenzó a expandirse: crear una bandera gigante con los nombres de los 30 mil detenidos desaparecidos para desplegarla el próximo 24 de marzo en la Plaza de Mayo, cuando se cumplan 50 años del último golpe de Estado. Se estima que más de dos mil bordadoras en todo el país -en su mayoría mujeres- participan del proyecto, recolectando nombres, uniendo retazos y multiplicando la convocatoria.
Natalia Gitelman es socióloga y bordadora. Desconoce el origen de la propuesta, como si de una leyenda se tratara. “Yo llego a esto por una convocatoria que se comenzó a armar entre un colectivo de bordadoras. Digo ‘bordadoras’ en femenino porque somos casi todas mujeres las que bordamos en general y llega esto de los 30 mil nombres bordados”. Natalia pertenece al colectivo de bordado Madagascar, en el que actualmente hay 20 mujeres dedicadas a la unión de las partes y sumar nombres. Solamente en la Ciudad de Buenos Aires, hay más de 300 colectivos abocados a esa tarea. Sumando a las bordeadoras del resto del país, se estima que hay más de dos mil mujeres trabajando en la confección de la bandera.
El proceso de confección, al ser colectivo, abrió una instancia de diálogo y reflexión que, según cuenta Natalia, “no la teníamos en el radar”. Los nombres de los detenidos desaparecidos no se copian de una lista ya confeccionada, sino que deben ser buscados, con todo el simbolismo que eso despierta: buscar a los desaparecidos. “Lo que empieza a pasar es que cuando vas a buscar el nombre te empezás a conectar con la historia de esa persona. Empezas a preguntar a amigos o conocidos y te va llevando. La persona que te trae el nombre te trae también su historia”, explica la socióloga.
“A mí me pasaron dos cosas”, cuenta Gitelman, “yo fui a buscar un nombre porque sabía de una amiga de mi hermana tenía muchísimos familiares desaparecidos. Algunos nombres ya estaban bordados y otros no. Mientras me está pasando eso y contándome la historia, me llega un nombre que quedó en la lista y nadie lo había confeccionado. Entonces estoy bordando el nombre de una chica que no conozco, ni sé mucho de su historia. Pero sí sé que tenía 21 años, y que estudiaba veterinaria en la UBA, y me pegó muchísimo, porque tiene la edad de mis hijas”, explica la bordadora.
Además del movilizante proceso que implica la búsqueda de la historia de una persona desaparecida, se le suma el momento del bordado que, como cuenta Natalia, se realiza siempre en círculo. “Empezaron a aparecer historias y también reflexiones. Por ejemplo, a cada parte hay que ponerle el nombre del desaparecido y la palabra o el dibujo que cada uno quiera. Entonces se abre un debate de qué queremos poner ahí” cuenta la socióloga y revela que “a 50 años del golpe estamos discutiendo de vuelta qué pasó o por qué pasó, en un contexto donde hay un revisionismo totalmente corrido”. De esa forma, una ronda de mujeres bordando se convierte en “algo muy poderoso, un espacio para repensar”, concluye Natalia.
El armado de las partes también permite poner en contexto las persecuciones e inferir decisiones políticas o ideológicas. “Una dijo ‘yo voy a bordar los nombres de los científicos desaparecidos de la CNEA’, no sé por qué se le ocurrió. Y ahí me entero que desaparecieron como 100 científicos de la CNEA. Otra dijo, ‘yo voy a bordar los desaparecidos del gremio bancario del Banco Provincia’, porque ella trabaja ahí. En total eran 300. Entonces empezás a dimensionar cantidades, vaciamientos, instituciones, edades. También nos impactó que hay muchos chicos jóvenes desaparecidos”, cuenta Gitelman.
Si bien el bordado es una actividad asociada a mujeres grandes, la iniciativa permitió que muchas personas jóvenes empiecen a interesarse por la iniciativa, animándose a aprender a bordar y, de esa manera, posibilitar el conocimiento de una historia que a los adolescentes les resulta un tanto lejana, lo que desbloquea un doble aprendizaje. “Una chica, por ejemplo, contaba que tiene un hijo de 17 y la novia del pibe le preguntó por lo que estaba bordando. Entonces le explicó, porque hay muchos chicos que no tienen la menor idea. Cuando le empezó a contar, la chica dijo ‘yo quiero bordar”, así que ahora está aprendiendo con nosotras” señaló la integrante de Madagascar.
Fuente: Pagina 12



