Los salarios registraron una nueva caída real durante 2025 y cerraron el año con una pérdida superior al 2% frente a la inflación, profundizando el deterioro del poder de compra de trabajadores y jubilados. Los datos reflejan que, pese a las paritarias y los ajustes nominales, los ingresos no lograron acompañar el ritmo del aumento de precios, consolidando un escenario de presión económica sobre el consumo y el mercado interno.
Los ingresos corren detrás de los precios
El poder adquisitivo de los salarios volvió a retroceder durante 2025, confirmando un proceso de deterioro que afecta de manera directa a trabajadores formales, informales y jubilados. De acuerdo con los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), los ingresos crecieron en términos nominales pero quedaron por debajo del ritmo inflacionario, generando una pérdida real superior al 2% en el balance anual.
El fenómeno refleja una dinámica económica en la que los ajustes salariales resultan insuficientes para acompañar el aumento sostenido del costo de vida. Aunque distintos sectores negociaron paritarias y actualizaciones periódicas, la aceleración de precios en rubros clave como alimentos, transporte y servicios terminó erosionando el impacto de esos incrementos.
Diciembre profundizó la tendencia negativa
El deterioro del salario real se acentuó en diciembre, cuando la inflación mensual superó nuevamente la evolución de los ingresos promedio. Este escenario consolidó el cierre negativo del año y evidenció que la recuperación salarial continúa lejos de concretarse.
Los datos también reflejan diferencias entre sectores. Mientras algunos trabajadores registrados lograron incrementos algo mayores, el sector público y los trabajadores informales mostraron mayor vulnerabilidad frente al proceso inflacionario, ampliando las brechas de ingresos y profundizando la desigualdad.
Impacto directo en el consumo y la economía real
La pérdida del poder adquisitivo no solo afecta el ingreso individual de los trabajadores, sino que también repercute en la economía general. La caída del salario real reduce el consumo interno, debilita la actividad comercial y genera un efecto dominó en distintos sectores productivos que dependen del mercado interno.
Especialistas advierten que la contracción del consumo impacta especialmente en las pequeñas y medianas empresas, que enfrentan menores niveles de ventas y mayores dificultades para sostener la actividad. A su vez, el menor ingreso disponible empuja a muchas familias a recurrir al endeudamiento para cubrir gastos básicos.
Tensión social y debate político
El deterioro del poder adquisitivo se produce en medio de fuertes debates sobre el rumbo económico del país bajo la gestión del presidente Javier Milei. Mientras el Gobierno sostiene que el ajuste es necesario para estabilizar la economía y controlar la inflación, distintos sectores sindicales y políticos advierten sobre el impacto social de la pérdida salarial.
Organizaciones laborales señalan que la caída del salario real afecta derechos históricos de los trabajadores y debilita su capacidad de sostener condiciones de vida dignas. En este contexto, el escenario económico se convierte en un eje central de discusión política y social.
Un escenario que golpea a los sectores más vulnerables
La pérdida del poder adquisitivo impacta con mayor fuerza en los sectores de menores ingresos, que destinan la mayor parte de sus recursos a bienes esenciales. El aumento de precios en alimentos y servicios básicos reduce el margen de maniobra de las familias y profundiza las dificultades para llegar a fin de mes.
El deterioro salarial también afecta a jubilados y pensionados, cuyos ingresos dependen de actualizaciones periódicas que muchas veces quedan rezagadas frente a la inflación real.
La caída del salario real en 2025 vuelve a poner en el centro del debate el modelo económico y su impacto social. Más allá de los argumentos técnicos o políticos, los datos reflejan una realidad concreta: el ingreso de los trabajadores pierde poder frente a los precios y el costo lo paga la vida cotidiana de millones de argentinos. La discusión sobre inflación, salarios y crecimiento ya no es solo económica, sino profundamente social.



