La periodista y analista Valeria Di Croce, autora del libro El Arca de Milei, planteó una lectura crítica y profunda de la gestión del presidente Javier Milei, caracterizándola como un modelo de caos deliberado y como parte de una tendencia más amplia dentro de las nuevas derechas globales. En una entrevista exclusiva con este medio, Di Croce sostuvo que el actual gobierno utiliza ese desorden como estrategia para ocultar el impacto real de sus políticas económicas y consolidar su poder político.
La investigadora explicó que lo que diferencia a la presidencia de Milei no son únicamente sus exabruptos mediáticos o su estilo confrontativo, sino una forma sostenida de producir shock y desorganización social. Esta táctica, afirmó, no es exclusiva de la Argentina, sino que se inscribe en fenómenos similares observados en gobiernos de derecha contemporáneos.
Caos como método político
Según Di Croce, Milei ha sabido capitalizar la fragmentación social y la falta de organización de las instituciones para posicionarse como figura central en el debate público. “Lo que caracteriza al dispositivo de poder de Milei es generar caos constantemente”, aseguró, vinculando esa estrategia a la proliferación de medios y plataformas digitales que amplifican ese ruido político.
En su análisis, la experta remarcó que los ciclos de shocks económicos —como ajustes, cambios abruptos de política y despidos— generan incertidumbre y desorden, lo que a su vez dificulta la construcción de alternativas organizadas por parte de la sociedad. “Frente a la producción constante de shocks, el Gobierno capitaliza ese caos con ayuda de su ecosistema mediático digital”, explicó.
Primarización económica y beneficiarios del modelo
Más allá del aspecto comunicacional, Di Croce traza un vínculo entre la gestión económica del Gobierno y los sectores que se benefician de ella. Señaló que la Argentina está experimentando una reprimarización de su economía, favoreciendo industrias extractivas como la energía, los hidrocarburos y los minerales críticos, mientras que sectores de producción local más diversificados pierden terreno.
Ese proceso, argumentó, se ve reforzado por mecanismos como el RIGI, que según la analista genera “islas de inversión” orientadas a satisfacer necesidades globales —como minerales y centros de datos— en lugar de fortalecer la producción nacional.
Argentina, un rol subordinado en la política global
En el plano internacional, Di Croce advierte que el vínculo con Estados Unidos y la integración del país en redes de derechas globales —que comparten estrategias de comunicación, derrotan narrativas alternativas y promueven agendas fragmentadoras— colocan a la Argentina en una posición subordinada, más próxima a un rol de proveedor de recursos que de actor autónomo.
“El rol de Argentina no se transforma en una potencia por estar gobernada por quienes se reivindican aliados de Washington: tiende más bien a una posición de colonia moderna”, sostuvo, vinculando ese fenómeno a acuerdos estratégicos, relaciones económicas y presencia de capitales foráneos.
Batalla cultural y política
Di Croce subraya que el fenómeno no se agota en lo económico o institucional: la llamada batalla cultural —promovida tanto por figuras políticas como por plataformas de opinión afines— también juega un papel central en neutralizar la crítica, polarizar el debate y desviar la atención de medidas que, en su opinión, erosionan derechos y degradan la calidad democrática.
Este enfoque explica, según la analista, la importancia que la administración y sus voceros dan a la difusión constante de contenidos que provocan ruido y distracción: “Se discute lo que dice un diputado o influencer, pero no se discute el daño estructural que provocan las políticas públicas de base”, concluyó.



