La industria textil enfrenta una “tormenta perfecta”: apertura, recesión y atraso cambiario

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El sector textil es el punto en donde se hilvanan todos los hilos de la discusión económica actual. Inflación, oferta laboral, actividad productiva, competitividad de la industria y apertura importadora, todos estos temas atraviesan al rubro textil que, como ocurre con otros sectores intensivos en mano de obra, viene de dos años críticos. 

Tras un 2024 con caída de 10% y en simultáneo con la publicación oficial de la recesión sectorial del año 2025 (-6%), el ministro de Economía justificó la debacle de la industria textil, a quienes señaló como ladrones. La postura del gobierno es clara, apertura económica y quien no pueda competir por precio con prendas importadas deberá cerrar. De ese modo, sostienen, el consumidor se beneficiará con precios más baratos. 

Para el elenco gobernante, esto no significará pérdida de puestos de trabajo. Ocurre que, según su visión, al tener el consumidor acceso a prendas más económicas que las nacionales tendrá un ahorro que destinará a otros sectores. Así, deja de comprar el bien A, pero compra más del bien B, por tanto, el sector que genera el bien B contratará más personal, neteando así la reducción de la oferta laboral de la industria que pierde consumidores por tener altos precios.

¿Problemas macroeconómicos, estructurales o de productividad fabril?

Si nos focalizamos en los precios de marcas globales, popularmente conocidas, caso Zara, vemos que la brecha de precios es de importancia. Comparando entre Zara Argentina y España comprobamos que por misma prenda se paga entre un 130% y 150% más aquí que en el país europeo. Un sinsentido al ser ingreso per cápita argentino mucho menor al español. Sin embargo, aquí no estamos comparando industria textil argentina contra industria textil de la Unión Europea, ya que Zara produce en Pakistán, Bangladesh o China, para ambos mercados. 

Por lo tanto, esa brecha de precio no es un argumento válido para afirmar que la industria textil argentina es cara, con tecnología atrasada y, por tanto, poco competitiva. Más bien estas brechas exponen que Argentina está cara en dólares dado al atraso del tipo de cambio. Esto también quedó expuesto con el índice Big Mac que difundió la revista inglesa especializada The Economist que, medida en dólares, señaló a la hamburguesa más popular del mundo vendida en McDonald Argentina como la más cara del mundo (superada sólo por McDonald Suiza). 

Ahora bien, esto no motivó una querella del gobierno en contra de las hamburgueserías señalando que por el atraso de la industria alimenticia nacional estamos obligados a pagar más caro por un medallón de carne envuelto entre dos panes, como sí ocurre con la industria textil. Caputo no dijo: “Nunca comí hamburguesas en Argentina porque son un afano”, dijo textualmente: “no compré nunca en mi vida ropa en Argentina porque era un robo”.

Nada tiene que ver la industria con la principal brecha en indumentaria

Al ser consultado sobre la brecha de precios señalada, Marco Meloni de la Fundación Proteger destacó que las marcas importadas no tienen en su estructura de costos trabajo industrial local, por lo que las distorsiones están en la fase de logística y comercialización. Siendo los shoppings la principal vidriera para la indumentaria importada (75% de la oferta), en estos centros comerciales el costo de fabricación es una décima parte del precio de venta. El factor de más peso son los impuestos con un 50%, mientras que con “el conglomerado financiero de bancos, posnet, cheques, cuotas, sumado al alquiler ahí hay otro 25%”.

En cambio, destacó a La Nueva Mañana que un jean de gama media hecho en el país de los que se venden en Flores u Once tiene un precio competitivo respecto al mismo producto confeccionado por la industria textil de cualquiera de los países vecinos. El valor ronda los 10 dólares, que “de ninguna manera es más caro que un jean de gama media hecho en Brasil”, por caso. 

Problema estructural de Argentina, los costos del sistema de comercialización

Quien también defendió a la fase de producción señalando a las distorsiones que inflan los precios por el alto costo de poner la mercadería en venta fue Raúl Zylbersztein de Curtiembres Fonseca. El empresario destacó que “hay productos producidos acá (de cosmética o alimentos envasados) que se consiguen más barato en países vecinos”. En efecto, el problema no está dentro de la industria, sino puertas afuera. Además de la presión impositiva y el costo financiero, el encarecimiento se da por problemas de logística que afloran cuando mover un camión desde Salta sale “casi el doble que un contenedor de China hasta acá”.

Para Zylbersztein, quien también es vicepresidente de la Confederación General Empresaria de Argentina, el sector textil termina siendo para el gobierno un “chivo expiatorio”. La “saña” contra el rubro indumentaria obedece a que en la ecuación ponderada con la que miden la inflación, el gasto en ropa representa el 10% de la canasta familiar. “Entonces el gobierno cree que dejando de comprar acá y comprando por Temu, la inflación va a bajar” y si no baja “los textiles serán los culpables, no así su política”. 

Cadena de pagos rota: el preludio de un 2026 con persianas bajas

Tras un 2024 de caída pronunciada y un año pasado de números en rojo, para este 2026 en el sector esperan profundización de la recesión. Advierten que, en los últimos meses del año pasado, los casos de ruptura de la cadena de pagos se incrementaron. Según datos del Banco Central, los cheques rechazados se cuadruplicaron en el último año, mientras que dentro de este rubro los empresarios señalan que al interior del sector los rechazos son mayores. 

En efecto, esperan que la crisis que atraviesa al sector corone con cierres masivos en este 2026. Hay una tormenta perfecta que azota a toda la cadena de valor: inflación sectorial menor a la general, caída de márgenes de ganancia y contracción de la actividad. A esto hay que sumarle la apertura importadora de toneladas de prendas (sin marca) que compiten con la producción local. 

La realidad contradice a la visión del gobierno

Lo cierto es que con el gobierno libertario las importaciones pasaron de un peso de 20% del PBI a 33% en solo un año (de acuerdo a la consultora PXQ) y el saldo de empleo es negativo. En los últimos dos años se destruyeron en total 180 mil puestos de trabajo registrados en el sector privado. No está ocurriendo lo que según el gobierno debiera pasar por ley. Más bien, el ahorro del que ciertos sectores sociales se hacen por comprar bienes importados baratos no se destina a la economía real. Contrariamente, es de esperar que, en escenarios de atraso cambiario, todo excedente en pesos busque dolarizarse. 

Ocurre que la realidad luce algo más compleja que aquel esquema que traza Javier Milei, Luis Caputo y Federico Sturzenegger entre plastilina y papel glasé.

Fuente: La Nueva Mañana

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