Para abordar la cuestión de la espada utilizada por el Libertador de tres países, resulta necesario realizar algunas precisiones que consideramos especialmente pertinentes en el presente contexto histórico.
En primer lugar, es imprescindible ser rigurosos en el tratamiento de nuestra propia historia. Debemos remitirnos al testamento de José de San Martín, en el cual dejó expresamente establecido que su única heredera sería su hija Mercedes. En el artículo tercero de dicho documento, San Martín dispone que su sable sea entregado al Brigadier General Juan Manuel de Rosas. En consecuencia, el legítimo propietario del glorioso sable fue don Juan Manuel de Rosas y, posteriormente, sus herederos, Manuelita Rosas.
Testamento de San Martín (escrito de puño y letra en 1844)
Primero: “Dejo por mi absoluta heredera de todos mis bienes, habidos y por haber, a mi única hija Mercedes de San Martín, actualmente casada con Mariano Balcarce”.
Tercero: “El sable que me ha acompañado en toda la Guerra de la Independencia de la América del Sud le será entregado al General de la República Argentina, don Juan Manuel de Rosas, como prueba de la satisfacción que, como argentino, he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que tratan de humillarla”.
A fines del siglo XIX, el gobierno nacional designó al doctor Adolfo Pablo Carranza con el objetivo de sentar las bases de un museo destinado a preservar el patrimonio histórico y cultural argentino, institución que posteriormente se convertiría en el actual Museo Histórico Nacional. En el marco de esta iniciativa, Carranza solicitó a los herederos de Juan Manuel de Rosas la cesión del sable corvo para incorporarlo a la colección del museo.
La familia del Restaurador de las Leyes accedió al pedido con una condición expresa: que el sable fuera exhibido públicamente en las vitrinas del museo para que pudiera ser contemplado por el conjunto de la sociedad argentina. Bajo ese acuerdo fue entregada la reliquia histórica.
El sable partió del puerto de Southampton el 5 de febrero de 1897 y arribó a Buenos Aires el 4 de marzo del mismo año.Posteriormente, fue depositado en el Museo Histórico Nacional.
Durante la década de 1960, el sable fue sustraído en dos oportunidades por integrantes de la resistencia peronista, quienes, mediante estas acciones, denunciaban la proscripción del movimiento popular más grande de América y el exilio de Juan Domingo Perón en España. En 1967, el gobierno dictatorial encabezado por Juan Carlos Onganía dispuso su traslado al Regimiento de Granaderos a Caballo para su custodia.
Finalmente, el 24 de mayo de 2015, la presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, restituye el sable al Museo Histórico Nacional, devolviendo al mismo lugar del cual había sido retirado en 1967. En síntesis, la espada debe permanecer en el Museo Histórico Nacional.
Por Marco Aurelio Roselli



