Cuando una sobreviviente miró a Videla a los ojos y le dijo la verdad
A medio siglo del golpe cívico-militar-eclesiástico del 24 de marzo de 1976, la memoria vuelve a iluminar escenas que marcaron la historia de los juicios por delitos de lesa humanidad. Una de ellas ocurrió en agosto de 2010, en Córdoba, cuando la sobreviviente y ex presa política Soledad García protagonizó un momento único frente al genocida Jorge Rafael Videla.
Docente, gremialista y militante, Soledad había sido secuestrada el 9 de marzo de 1976 junto a Rafael Flores, del gremio del caucho. Durante su declaración en el juicio por los crímenes cometidos contra 30 presos políticos de la cárcel UP1 de barrio San Martín, relató el horror vivido en el D2 de la Policía, hoy Archivo Provincial de la Memoria, la desaparición y asesinato de su compañero Eduardo Requena, su militancia en la Mesa de Gremios en Lucha y las condiciones inhumanas de la UP1, convertida en un verdadero campo de concentración.
Pero tras un testimonio extenso y estremecedor, ocurrió algo que ninguna otra víctima había hecho hasta entonces.
Soledad giró su mirada hacia Videla y lo enfrentó directamente. Le respondió, en la cara, una de las frases más crueles que el dictador había pronunciado años antes, cuando definió a los desaparecidos como una “entelequia”.
“Los desaparecidos eran hombres y mujeres con vida, con sueños y proyectos, y ustedes se los quitaron”, le dijo. Y agregó, con una fuerza que conmovió a toda la sala:
“Devuelvan los nietos a las Abuelas. Devuélvanme el cuerpo de mi compañero, de los compañeros. Muestren un resto de honor”.
El silencio fue absoluto. Videla no respondió.
El represor fue condenado a prisión perpetua en Córdoba, sumando otra sentencia a la ya recibida en 1985 en el Juicio a las Juntas. En 2012, además, fue condenado a 50 años de prisión por el robo sistemático de bebés. Murió en 2013, en la cárcel de Marcos Paz, sin mostrar arrepentimiento alguno.
A 50 años del golpe, el testimonio de Soledad García sigue siendo una escena imborrable: la de una sobreviviente que, en nombre de los 30.000, le recordó al poder genocida que la verdad, la memoria y la justicia no son una entelequia.
Por Jorge Vasalo



