¿Se acuerdan de aquella foto?
La imagen en la que el genocida Luciano Benjamín Menéndez participaba de actos públicos junto a políticos “respetables”, en una Córdoba recalcitrante donde iba y venía con total impunidad. No solo eso: era venerado, protegido y blanqueado mediáticamente por personajes hoy olvidables, pero que causaron un daño profundo al periodismo y a nuestra sociedad.
Y en medio de ese escenario de normalización del horror, apareció una pregunta simple pero enorme, hecha por la periodista Nelva Manera, de Canal 10, que terminó convirtiéndose en un verdadero rescate de la conciencia colectiva.
Corría noviembre de 1997. En el palco de un acto de la Policía Federal, sobre avenida Yrigoyen, estaban el entonces gobernador Ramón Mestre, el vice Carlos Molinari Romero, el ministro Oscar Aguad —quien luego protegería a Yanicelli y a la banda de asesinos del D2— y la jueza federal Cristina Garzón de Lazcano, que años después, junto a la fiscal López de Filoniuk, investigaría causas que terminarían en juicios y condenas a perpetua para Menéndez y sus secuaces.
En esa foto, Garzón de Lazcano está sentada al lado del genocida.
Hasta ese momento, el Indulto, la Obediencia Debida y el Punto Final garantizaban a los represores una vida normal, como si no hubieran cometido ninguna atrocidad. Menéndez había sido invitado al acto como “representante del club de las Fuerzas Armadas”.
Fue en ese contexto siniestro, atravesado por la indiferencia, cuando Nelva Manera reunió todo el coraje posible y preguntó lo que correspondía preguntar.
“No podía creer que Menéndez estuviera en el palco, y encima al lado de la jueza Garzón de Lazcano. Cuando terminó el acto, le acerqué el micrófono y le pregunté: ¿Quién lo invitó?
Él, con voz marcial, me respondió: ‘Yo a Canal 10 no le contesto’, y se mezcló con la gente para entrar al edificio de la Policía Federal, donde había un ágape.
Volví a acercarme y le pregunté de nuevo: ¿Qué hace usted aquí y quién lo invitó?
Entonces respondió: ‘Las autoridades’”.
Esa respuesta, emitida por Crónica 10, generó tal repercusión que a los pocos días la Legislatura de Córdoba lo declaró Persona No Grata por unanimidad. A partir de ese momento, Menéndez dejó de ser invitado a actos públicos.
“Todavía me emociona —recordaba Manera— pensar que con esa pequeña pregunta este asesino tuvo que desaparecer de los actos oficiales. Por tantos compañeros desaparecidos”.
Párrafo aparte para el entonces gobernador Ramón Mestre, quien no solo le dio la mano a Menéndez en el palco, sino que luego declaró que “a él no le molestaba compartir el palco con nadie”.
Vale recordar que cuando Luciano Benjamín Menéndez murió, ostentaba un récord mundial de 15 condenas por secuestros, torturas, robos, violaciones, crímenes y desapariciones de cientos y miles de víctimas en los campos de concentración del Tercer Cuerpo de Ejército.
De esas condenas, 13 fueron a prisión y reclusión perpetua.
A 50 años del golpe, la memoria también se construye recordando que una sola pregunta, en el momento justo, puede empezar a romper la impunidad.
Por Jorge Vasalo



