La reseña histórica rescata la figura del corsario de la Revolución de Mayo, quien protagonizó innumerables batallas y recorrió con éxito el Océano Pacífico.
Su apellido es reconocido por ser una de las entradas al mítico estadio Luna Park de Buenos Aires, en la intersección con Avenida Corrientes. Pero su historia se enlaza con el origen de nuestro país y, más aún, con la lucha por la independencia a comienzos del siglo XIX.
Hipólito Bouchard nació el 15 de enero de 1780 en Bormes, un pequeño pueblo cercano a Saint Tropez, Francia. Fue marinero desde muy joven, así pues, arribó al puerto de Buenos Aires en 1809, un año antes de la conformación del primer gobierno patrio.
Una vez instalado en Buenos Aires, simpatizó rápidamente con las ideas de Mariano Moreno, secretario de la Primera Junta. Por ello, no dudó en poner todo su conocimiento naval a disposición de la Revolución de Mayo. En consecuencia, la Primera Junta lo nombró segundo comandante de la recientemente creada flota nacional. El “bautismo de fuego” de la flamante escuadra fue el 2 de marzo de 1811, en el Combate de San Nicolás de los Arroyos. Lamentablemente, con una derrota.
Dos años después, ayudará a José de San Martín en el famoso Combate de San Lorenzo, el 3 de febrero de 1813. Por esta destacada participación es que San Martín recomendará a Bouchard al almirante Guillermo Brown con el objetivo de hostigar a los españoles en el Pacífico y, de algún modo, desgastar al imperio español de cara al asalto final sobre Lima.
En 1815, dio inicio lo que se conoce como “la campaña de guerra de corso”, bajo la dirección de Guillermo Brown, con la fragata “Hércules” y el bergantín “Santísima Trinidad”, ambos acompañados por la corbeta “Halcón”, al mando de Bouchard.
En octubre de ese año, ya habían apresado fragatas españolas, como así también bloqueado y atacado el puerto de El Callao, luego, atacaron las fortificaciones cercanas a Guayaquil. En 1816, volvieron a bloquear la entrada al puerto de El Callao y hundieron la fragata española “Fuente Hermosa”.
Sin embargo, la etapa más épica y cinematográfica en la carrera del capitán Bouchard iba a suceder, paradójicamente, en la región de lo que es actualmente Hollywood. Bartolomé Mitre la explica así: “Una campaña de dos años dando la vuelta al mundo en medio de continuos trabajos y peligros, una navegación de diez o doce mil millas por los más remotos mares de la tierra, en que se domina una sublevación, se sofoca un incendio a bordo, se impide el tráfico de esclavos en Madagascar, se derrota a piratas malayos en Macasar, se bloquea a Filipinas, anonadando su comercio y su marina de guerra, se domina parte de Oceanía imponiendo la ley, a sus más grandes reyes por la diplomacia o por la fuerza; en que se toma por asalto la capital de la Alta California, se derrama el espanto en las costas de México, se hace otro tanto en Centro América, se establecen bloqueos entre San Blas y Acapulco, se toma a viva fuerza el puerto de Realejo apresándose en este intervalo más de veinte piezas de artillería, rescatando un buque de guerra de la Nación y aprisionando o quemando como veinticinco buques enemigos…”.
En efecto, entre el 24 y el 29 de noviembre de 1818, el capitán Hipólito Bouchard tomó la fortaleza de Monterey, entre las entonces jóvenes ciudades de San Francisco y Los Ángeles, en lo que aún era territorio de la corona española, en guerra contra las Provincias Unidas del Río de la Plata. Un 25 de enero de 1819, Bouchard estableció el bloqueo de los puertos de San Blas, Acapulco y Sonsonante, en la costa del Pacífico. Monterey era la capital de la Alta California española, entre monasterios y presidios remotos.
Respecto del itinerario que esboza Mitre, hay que ordenar las fechas. El 9 de julio de 1817, zarpó la fragata “La Argentina” al mando del capitán Bouchard, desde la ensenada de Barragán para cumplir un crucero de corso, que habría de durar dos años. Así fue que llegó a Madagascar y frustró el embarco de esclavos que estaban a punto de concretar tres buques ingleses y uno francés. Luego, “La Argentina” continuó rumbo a Filipinas con la finalidad de imposibilitar el tráfico comercial de los buques españoles. Allí, Bouchard y sus hombres rechazaron el ataque de cinco buques piratas malayos.
Hawai también fue testigo de los innumerables viajes de Bouchard. En esta paradisíaca isla se entrevistó con el rey Kamehameha, quien firmó un tratado de reconocimiento de la independencia argentina, proclamada por el Congreso de Tucumán. Kamehameha le proveyó a Bouchard 100 marinos y le devolvió la goleta “Chacabuco”, que había sido capturada por sus hombres.
Ahora, sí, la flota compuesta por franceses argentinos y hawaianos, puso proa a Alta California, y llegó a el 22 de julio de 1818 a su capital Monterrey. Tras duros combates, logró tomar el fuerte y hace flamear la bandera de Belgrano por seis días en California. Tras el ataque a Monterrey, las tropas de Bouchard arrasaron la misión de San Juan, Santa Bárbara y otros poblados españoles de alta y baja California.
Luego de la toma de Acapulco, México, destruyó Sonsonate en Guatemala y capturó bergantines españoles. En Nicaragua, tomó Realejo, el principal puerto español en los mares de Sur, y se apoderó de cuatro buques hispánicos. El 9 de julio de 1819 arribó al puerto de Valparaíso, Chile, justo a tiempo para integrarse a la flota que San Martín preparaba para tomar Lima.
La cinematográfica travesía de “La Argentina” tuvo una duración de dos intensos años. Durante ese período, Bouchard y su gente libraron un total de trece combates navales, capturaron o destruyeron veintiséis buques y decomisaron la carga de cuatro barcos negreros –y liberaron a sus prisioneros- y de dos naves inglesas y una de los Estados Unidos.
Es por ello que muchos historiadores coinciden en que las banderas celeste y blanca de Guatemala y Nicaragua se deben a la huella imborrable que dejó allí el capitán Hipólito Bouchard, baluarte indispensable de la independencia argentina.
Por Marcelo Ibarra



