Allá por el año 1965, el dirigente sindical metalúrgico Augusto Timoteo Vandor (El Lobo) andaba bastante entusiasmado con una especie de “Peronismo sin Perón”, luego de haber sido un hombre clave en la resistencia obrera posterior al golpe de septiembre del ’55, elegía el pragmático camino de negociar con quien sea con tal de construir poder propio.
Fue entonces que el líder exiliado en Madrid envió a Estela Martínez con la intención de ordenar las cosas buscando disciplinar al creciente neoperonismo.
Por su parte, José Alonso, dirigente sindical del gremio del Vestido que permanecía leal a Perón, le enviaba cartas informando sobre la situación política en el país.
El 27 de enero de 1966, Juan Perón responde a esa correspondencia con una carta que pretendía ser reservada pero no lo fue, vale la pena extraer algunos párrafos de aquel texto.
“Madrid, 27 de enero de 1966. – Al Sr. José Alonso – Buenos Aires
Mi querido amigo:
Acabo de recibir sus cartas del 21 y 26 de enero que me traen la mayor tranquilidad y me alegro que Usted haya decidido empeñar batalla. Junto con ésta le escribo a Isabelita diciéndole lo mismo y felicitándola por la decisión de suspender las giras y trasladarse a Buenos Aires para poder atender lo necesario a esa lucha, pensando que el enemigo principal hay que atenderlo con los medios y las preocupaciones principales, dejando sólo los medios secundarios para atender a los enemigos secundarios. Este es un principio estratégico de la conducción que nunca debe olvidarse.
En esta lucha, como muy bien lo ha apreciado Usted, el enemigo principal es Vandor y su trenza, pues a ellos hay que darles con todo y a la cabeza, sin tregua ni cuartel. En política, no se puede herir, hay que matar, porque un tipo con una pata rota hay que ver el daño que luego puede hacer. Ahora, según las circunstancias, hay que elegir las formas de ejecución que mejor convengan a la situación y ejecutarlas de una vez y para siempre.
Usted contará para ello con todo mi apoyo y si es preciso que yo expulse a Vándor por una resolución del Comando Superior lo haré sin titubear, pero es siempre mejor que, tratándose de un dirigente sindical, sean los organismos los que lo ejecuten. Si fuera un dirigente político, no tenga la menor duda, que yo ya lo habría liquidado (…) Esta batalla ha de ser definitiva y para que quede un ejemplo que desanime a los que quieran imitar las trenzas del tipo Vándor. Yo sé que, pese a mi función de Padre Eterno, hay momentos en que hay que proceder con firmeza, como a veces lo hace el propio Padre Eterno cuando están en juego los principios y los objetivos.
Esta vez no habrá lástima, ni habrá audiencias, ni habrá viajes a Madrid, ni nada parecido. Deberá haber solución y definitiva, sin consultas, como Ustedes lo resuelvan allí. Esa es mi palabra y Usted sabe que “Perón cumple”.
Por Héctor Amichetti



