En el corazón de Ciudad Evita, un barrio que este 24 de enero celebró 40 años desde su fundación, se escuchó un mensaje contundente: las calles siguen sin asfalto, las tierras siguen sin escrituras, y la dignidad de miles de familias está en juego.
La tradicional Caravana por la Dignidad, convocada por organizaciones barriales y vecinos de diferentes asentamientos, no fue solo una marcha más: fue una fotografía en movimiento de una realidad que golpea fuerte. El sacerdote Daniel Echeverría, referente social y vicario de la Diócesis de San Justo, no dudó al describir la situación. “Nuestros barrios están detonados de pobreza y consumo, sin derecho real a la tierra ni al trabajo”, afirmó con dureza.
Más que demandas: reclamos urgentes
Lo que piden los vecinos va mucho más allá de mejoras cosméticas:
Asfalto y calles transitables, tras décadas de caminos intransitables.
Escrituras de sus tierras, una deuda histórica que sigue postergada.
Trabajo digno y sostenido, no solo planes temporales.
Echeverría fue directo: la falta de políticas públicas consistentes dejó a estos barrios “a la intemperie”, donde la pobreza, el abandono estatal y el consumo problemático se combinan para agravar la emergencia social. Según el párroco, esta situación incluso alimenta la violencia y negocios ilegales que ponen en riesgo especialmente a la juventud local.
Una historia de lucha que sigue abierta
El barrio 22 de Enero nació hace cuatro décadas como una respuesta colectiva ante la falta de vivienda, y su historia es la de miles de familias que construyeron comunidad con sus propias manos. Pero, a pesar de los años y la organización, muchas de las promesas —como el acceso seguro a la tierra y la inserción laboral— siguen pendientes.
Para Echeverría, la salida “no está en soluciones individuales” sino en una respuesta colectiva y organizada: organizaciones sociales, instituciones, iglesias y vecinos reclamando juntos. “La solución es comunitaria o no es”, sintetizó.



