En un movimiento que sorprendió incluso a sectores internos tanto del sindicalismo como del empresariado, la Confederación General del Trabajo (CGT) y tres importantes cámaras patronales acordaron coordinar esfuerzos para debilitar el proyecto de reforma laboral que impulsa el presidente Javier Milei.
La alianza, que se inició en una reunión reservada de dirigentes sindicales y empresarios la semana pasada, busca generar presión conjunta sobre gobernadores provinciales y legisladores para moderar o incluso bloquear el avance de la iniciativa oficialista antes de que comience su tratamiento parlamentario.
El encuentro reunió a dos de los principales representantes cegetistas, Jorge Sola y Cristian Jerónimo, con autoridades de la Cámara Argentina de Comercio (CAC), la Confederación de la Mediana Empresa (CAME) y la Asociación de Industriales Metalúrgicos (Adimra), en la sede del sindicato de empleados de la industria del vidrio (Seivara).
Aunque tradicionalmente los intereses de los trabajadores y de los empresarios suelen encontrarse en polos opuestos, en este caso ambas partes identificaron puntos del proyecto de reforma que ponen en riesgo sus estructuras de negociación y financiamiento. Entre ellos, destacan la modificación de las llamadas “cláusulas obligacionales” —contribuciones extras que financian instituciones como el Instituto de Capacitación Profesional y Tecnológica para el Comercio (Inacap) y la propia estructura de Adimra— y la priorización de acuerdos por empresa por sobre los convenios colectivos de actividad nacional.
Para el sindicalismo, algunas de estas reformas amenazan aspectos esenciales del modelo de negociación colectiva argentino; para las cámaras patronales nacionales, generan “inseguridad jurídica” y fragmentación del mercado de trabajo. Este terreno común de rechazo fue el motor del acercamiento entre ambos sectores.
Tras la reunión, los dirigentes acordaron iniciar un trabajo coordinado con mandatarios provinciales y bloques legislativos para construir una narrativa política propia y desgastar el apoyo al proyecto oficial. Parte de esa estrategia incluye la posibilidad de una foto pública conjunta entre sindicalistas y representantes empresariales en los días previos al inicio del debate en el Congreso.
Este viraje marca un capítulo poco habitual en la política laboral argentina: un ala significativa del empresariado adoptando posiciones críticas a una iniciativa del Ejecutivo en alianza estratégica con el sindicalismo tradicional. La jugada también refleja las tensiones internas que genera la reforma laboral en distintos sectores de la sociedad, más allá de las clásicas divisiones entre clases sociales.
Mientras tanto, el proyecto continúa su recorrido hacia el debate legislativo en medio de crecientes señales de rechazo social y político desde múltiples frentes. (Basado en información de reunión entre CGT y cámaras empresarias).



