Mientras el Gobierno celebra el “orden macroeconómico”, los indicadores reales muestran una economía paralizada, con consumo en caída libre, actividad industrial estancada y provincias asfixiadas por la falta de recursos.
La economía argentina atraviesa un escenario de fuerte enfriamiento que comienza a sentirse con crudeza en el bolsillo y en el territorio. Según datos recientes del INDEC, el consumo masivo continúa en retroceso interanual, con caídas que ya superan los dos dígitos en rubros básicos como alimentos, bebidas y productos de higiene. La desaceleración no distingue regiones y golpea con mayor dureza al interior del país.
Desde el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) advierten que el ajuste fiscal aplicado por el Gobierno nacional tuvo un impacto directo en la demanda interna. La reducción del gasto público, el freno a la obra pública y la licuación de ingresos vía inflación generaron un efecto contractivo que hoy se refleja en menor actividad comercial e industrial.
Las provincias, en particular, enfrentan una tormenta perfecta. A la caída de la coparticipación se suma la paralización de transferencias discrecionales y programas nacionales. Gobernadores de distintos signos políticos alertan por la imposibilidad de sostener servicios básicos, salarios estatales y políticas sociales sin financiamiento nacional.
El sector industrial tampoco logra repuntar. Informes de la Unión Industrial Argentina y de universidades nacionales señalan que la utilización de la capacidad instalada se mantiene en niveles históricamente bajos, con suspensiones, reducción de turnos y despidos encubiertos en múltiples sectores.
Desde el oficialismo insisten en que se trata de un “sacrificio necesario”, pero economistas heterodoxos advierten que sin un plan de reactivación productiva, el ajuste corre el riesgo de convertirse en una recesión prolongada con alto costo social.
La pregunta que empieza a circular, incluso en sectores empresarios, es cuánto más puede resistir el entramado productivo sin mercado interno. Porque el orden fiscal, sin actividad ni empleo, difícilmente se traduzca en desarrollo.



