La calle como termómetro: crece el malestar social y se rompe la paciencia

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Encuestas, protestas y testimonios muestran un aumento del descontento social frente al ajuste, la pérdida de ingresos y la falta de perspectivas.

Aunque el Gobierno insiste en que “lo peor ya pasó”, en la calle la sensación es otra. Según una encuesta de la consultora Zuban Córdoba, más del 60% de los argentinos cree que su situación económica empeoró en el último año y el 70% tiene miedo de perder ingresos o empleo.

Las movilizaciones de jubilados, estudiantes, trabajadores y organizaciones sociales se vuelven cada vez más frecuentes. No son grandes estallidos, sino un goteo constante de bronca que se expresa en plazas, rutas y puertas de ministerios.

En los barrios populares, la paciencia se agota. Referentes comunitarios advierten que crecen los conflictos, la violencia intrafamiliar y los problemas de salud mental. “La angustia se está comiendo a la gente”, dicen desde equipos territoriales.

El malestar no distingue ideologías. Incluso votantes del oficialismo reconocen desilusión. “Pensé que iba a ser duro, pero no tanto”, se escucha cada vez más.

La historia argentina muestra que cuando la economía aprieta y la política no escucha, la calle habla. Y hoy, la calle está hablando fuerte.

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