A esta altura del siglo XXI, en el mundo en que vivimos, la democracia parece ser lo que menos importa, lo de Venezuela es “dictadura” mientras Estados Unidos no disponga de su petroleo.
Trump se lleva muy bien con el antidemocrático príncipe saudí Mohamed bin Salmán bin Abdulaziz Al Saúd y también con todos los Milei del planeta tierra siempre que sean funcionales a sus intereses, hayan o no ganado elecciones.
En el mundo actual se puede secuestrar un presidente latinoamericano y llevarlo a Estados Unidos sin derrocar a su gobierno.
Acontecimiento casi inédito que debe ser un llamado a la reflexión.
En nuestro país Cristina -con dos mandatos como presidenta democrática- está presa y proscripta, poco antes el gobierno de los Estados Unidos le había prohibido el ingreso a su territorio y si hubiera seguido siendo presidenta hasta es probable que hubieran planificado su secuestro.
En cambio a Milei le arriman decenas de miles de millones de dólares para que les siga siendo útil desde el gobierno, lo sostendrán mientras les facilite el saqueo de recursos naturales y el control de nuestro territorio en la confrontación geopolítica internacional y seguirá siendo considerado -por supuesto- como un demócrata ejemplar.
Todo lo contrario a la caracterización que hacen de Axel Kicillof, para quien preparan todas las conspiraciones posibles con tal de que no llegue a ser presidente, porque Axel no oculta su vocación patriótica y aunque eventualmente gane una elección, será considerado un dictador.
Pensar en que se puede construir una alternativa política para ganar una elección nacional y a partir de entonces imponer la voluntad del pueblo es algo así como una ilusión de la militancia.
Perón advirtió que vendrían a apoderarse de nuestros recursos “por las buenas o por las malas”.
Con Milei sería por las buenas, con el Peronismo todo lo contrario, por eso es que no hay otra alternativa para nuestro Movimiento y las fuerzas nacionales aliadas más que construir Poder y no pensar en las elecciones como tarea política esencial; esa construcción será con lo más dinámico del pueblo como ha sido tradicional al Peronismo, pero también con el ingenio y creatividad que los nuevos tiempos requieren. Declamar menos lo que se hace o pretende hacer y construir en silencio mucho más de lo que se dice.
Ya hemos comprobado los límites que impone el sistema “democrático” liberal, es necesario instrumentar prácticas democráticas de nuevo tipo.
Si alguna vez fuimos capaces de inaugurar una extraordinaria experiencia revolucionaria a la que denominamos Democracia Social de Participación Plena, basada en el poder de un pueblo organizado y movilizado, porqué no habremos de prepararnos ahora para el desafío que el nuevo tiempo histórico nos plantea.
No pensemos en la ilusión del 2027, actuemos con decisión y coraje en lo que debemos construir con urgencia y espíritu de grandeza desde ahora.
Por Hector Amichetti



