Venezuela, Estados Unidos y las especulaciones sobre Vaca Muerta

PETROLEO VENEZUELA
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En teoría, el petróleo venezolano no compite con el shale argentino en el mercado estadounidense. Sin embargo, la incertidumbre gira en función de la billetera. Mientras Trump presiona a Chevron para que haga el gasto y al gobierno venezolano para que ceda posiciones, en Argentina se hace evidente la entrega y el retroceso sobre nuestra soberanía energética. Aparentemente, la billetera es la misma.

Las voces de los representantes de los intereses alrededor de las petroleras que explotan Vaca Muerta, coinciden en que será determinante el grado de avanzada real que puedan lograr los norteamericanos sobre el complejo petrolero norteamericano. Por el momento, más que preocupación hay incertidumbre y permanecen atentos a las dinámicas de precios.

Un informe publicado en el portal especializado Econojournal describe es país más beneficiado por la avanzada yanqui sería Guyana, ya que se disiparía un escalamiento del conflicto que mantiene con Venezuela por la región del Esequibo -rica en petróleo y con alta presencia internacional dispuesta a su explotación.

Las fuentes aseguran que la producción venezolana no compite con el crudo argentino por el acceso al mercado estadounidense, ya que las refinerías sobre el Golfo de México operan principalmente con crudos pesados -como el Merey venezolano-. En este punto, los que verían afectadas sus ventas serían los canadienses que tienen a los norteamericanos como principales compradores.  

Según explican los operadores de distintas empresas del sector, Canadá provee del 60% de las importaciones de crudo que hace Estados Unidos. Se habla de 4 millones de barriles de petróleo por día (bpd), canalizados por buques y oleoductos hasta las refinerías de Texas. El petróleo canadiense es una especie de bitumen -similar a una pomada-, que posee un alto costo de extracción y de transporte ya que debe ser mezclado con otras sustancias para que fluya y pueda ser transportado.

En cambio, el Merey venezolano que se extrae en la cuenca del Orinoco, si bien es pesado fluye naturalmente. Su costo de extracción, transporte y refino es más bajo; y aventajaría al crudo canadiense.

El crudo Medanito que es el que demanda Estados Unidos desde Argentina, es liviano con contenido medio en azufre, y se refina sobre las instalaciones del pacífico. Es decir, no compite por cupos con las del Golfo de México.

Por lo tanto, el riesgo del complejo Vaca Muerta está asociado a los flujos de inversión. La alta dependencia de los capitales norteamericanos, si estos deciden anclar progresivamente en Venezuela, jugarían en contra del yacimiento de la Patagonia Norte.

A esto se suma la tendencia internacional de precios a la baja del barril. Si bien -según los norteamericanos- las inversiones que deberían hacerse en Venezuela son enormes si se pretenden alcanzar rendimientos de 3 millones de bpd -hablan de más de 180 mil millones dólares en 15 años-, las reservas y la calidad del crudo lo ameritarían.

Por el momento hay varios factores sin resolverse: hasta dónde llegará la escalada invasora yanqui; qué hará Venezuela al respecto; los vaivenes de la interna política y petrolera yanqui; qué hará la OPEP para incidir en los mercados, y qué rol adoptarán China y Rusia en este contexto.

Es decir, aunque se lore o se patalee, Argentina no corta ni pincha en las discusiones. Aunque posea una de las principales reservas de gas y crudo del mundo.

La entrega de los mecanismos de toma de decisiones sobre nuestro complejo hidrocarburífero llega a tal punto que -si así se le ocurre- la empresa conductora del proceso puede retirarse de la noche a la mañana y dejar Vaca Muerta como está y que se paralice hasta que el contexto presente una nueva oportunidad.

La empresa conductora no es YPF, es la norteamericana Chevron. La única que mantiene presencia real y productiva en Venezuela y con la que Trump debe negociar.

Suponiendo que el gobierno venezolano se someta a la voluntad de la Casa Blanca, Trump necesita que Chevron asuma responsabilidades, hasta que Exxon Móvil o cualquier otra pueda volver a tener presencia en el país hermano.

No es tan simple como Trump lo dice.

Sea como sea, Argentina no corta ni pincha en esas negociaciones y corre el riego de tener que bombear petróleo con un inflador de bicicleta si las extranjeras se van.

Tal vez sea la mejor solución para recuperar soberanía energética y la verdadera recuperación nacional de YPF. A veces, las peores situaciones pueden generar las condiciones para obrar en favor del pueblo y los intereses del país.

Por Pablo Casals

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