Ataque a Venezuela

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Estamos frente a un punto de inflexión geopolítico. El bombardeo sobre Venezuela y la captura de su presidente Nicolás Maduro abren un proceso largo, denso y estructural, donde se va a definir si Estados Unidos acaba de cometer un error histórico o si logra, por la vía de los hechos, la reconquista de su patio trasero en América Latina.

Lo cierto es que este ataque está motivado por la crisis interna norteamerica, económica y energética, y por su relativo retroceso ante la emergencia de un mundo alernativo en materia comercial.

El primer contrapeso en la región será el comunicado y el posicionamiento de Brasil con Lula, que seguro será fuerte y activo mas que tibio y ambiguo. A escala global, el posicionamiento de China, Rusia e Irán —y, sobre todo, si pasan del repudio a la generación de acciones decididas— marcará si este hecho queda encapsulado o si acelera una reconfiguración más profunda del orden mundial. Para los EEUU el objetivo es el petróleo y para todos la región Sur como laboratorio de la pugna y asiento estratégico de la multipolaridad.

Estados Unidos gana si logra instalar rápidamente un hecho político irreversible, si consigue un acompañamiento regional suficiente —el de Argentina ya lo tiene— y si evita un desgaste prolongado que lo obligue a sostener ocupación o una guerra de baja intensidad. Una cosa es bombardear y otra muy distinta es ocupar. Gran parte del pueblo bolivariano resistirá. Si falla en alguno de esos puntos, la intervención se puede convertir en un búmerang estratégico con costos políticos internos.

Lo cierto es que el ataque contra Venezuela produce una conmoción regional que impacta directamente sobre Brasil como potencia sudamericana y miembro de los BRICS, al alterar el equilibrio político y de seguridad de su entorno inmediato. Por traslación geopolítica, ese movimiento funciona también como una provocación directa hacia Rusia y China, que ven tensionados sus intereses y su proyección en América Latina. No es sólo una acción contra un gobierno, sino un mensaje de fuerza dirigido al conjunto del sistema multipolar en construcción.

Para la región, lo que está en juego no es sólo Venezuela. Es si la soberanía en América Latina sigue siendo un principio político real o una concesión revocable en el mundo actual.

Por Gustavo Terzaga

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