Ajuste y privatización: el FMI y EE.UU. exigen cambios estructurales en la economía

milei
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Lejos de ser un simple programa de apoyo financiero, el acuerdo implica una cesión de autonomía en áreas clave del desarrollo nacional. Entre las exigencias más evidentes se encuentra el compromiso de avanzar en privatizaciones masivas de empresas estatales estratégicas, en el marco de la Ley Bases. Energía Argentina, Intercargo, Nucleoeléctrica, YCRT, AYSA, Belgrano Cargas, Corredores Viales y la Sociedad Operadora Ferroviaria están en la lista de activos públicos que serán parcial o totalmente transferidos al capital privado. Lo que se presenta como una política de “eficiencia” es en realidad una pérdida directa de herramientas estratégicas para el desarrollo soberano.

El documento firmado con el FMI exige no sólo la desinversión del Estado en estas empresas, sino también la publicación de un plan detallado para ejecutarlas antes de noviembre de 2025, apenas pasada la elección legislativa. Este calendario político tampoco es casual.

Pero las condiciones van más allá del ajuste fiscal. Estados Unidos, principal aportante del paquete de asistencia, puso sobre la mesa exigencias geopolíticas que comprometen seriamente la autonomía del país en materia de Politica Exterior. La primera: romper con el swap de monedas con China, una herramienta financiera que Argentina ha utilizado para evitar la sangría de dólares en su comercio con el gigante asiático. Este instrumento, clave en la estrategia de diversificación de relaciones internacionales, ahora queda en la mira de Washington.

El secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, fue claro: el apoyo económico exige una reconfiguración del posicionamiento argentino en el tablero internacional. A cambio del financiamiento, Argentina debe alinearse con los intereses estratégicos norteamericanos, tanto en el plano estratégico militar como tecnológico, económico y comercial. Entre los puntos exigidos: mayor protección de la propiedad intelectual (con impactos directos en el acceso a medicamentos y el desarrollo agroindustrial local), la compra de material industrial de descarte de los EEUU y la preferencia absoluta de empresas de ese país en la explotación de recursos naturales estratégicos como el litio, el cobre y las llamadas “tierras raras”. En otras palabras, la riqueza del subsuelo argentino pasa a formar parte de una nueva matriz de dependencia.

La retórica de la libertad, el libre mercado, la apertura y destrucción del Estado que esgrime el gobierno contrasta con una realidad en la que la política económica nacional queda subordinada a las decisiones de actores externos y mas puntualmente cautiva de las decisiones y mandatos de Washington. Lo que se celebra como un rescate financiero podría consolidar, en los hechos, una renuncia un proyecto de desarrollo autónomo para el país.

Como ocurrió con México en la crisis del Tequila en los ’90, el salvataje de EE.UU. viene acompañado de una factura geopolítica: apoyo sí, pero a cambio de subordinación. No hay dólares gratis, y el precio es alto. En este nuevo capítulo, la soberanía argentina está siendo hipotecada a cambio de liquidez inmediata.

Fuente: Primereando Las Noticias

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