Cipayismo extremo…

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Hace muy poco, el gobierno de los Estados Unidos protestó porque Argentina, Brasil, Ecuador y Vietnam restringen o prohiben importación de productos remanufacturados.

Se calcula que si se eliminaran esas barreras, las exportaciones estadounidenses aumentarían al menos 18.000 millones de dólares anuales.

Fiel al alineamiento cipayo elegido por el gobierno de Milei, en esta semana se eliminó todo tipo de obstáculo para limitar la importación de maquinaria usada, tanto la relacionada con el sector agrícola como las destinadas a la extracción de petróleo y gas, moldes de autopartes e industria gráfica, entre otras.

Las cámaras industriales vinculadas a la producción de maquinarias agrícolas han señalado que esta medida implica que las máquinas usadas importadas podrán ingresar al país con aranceles que no superan el 26,5%, mientras los insumos necesarios para producir esas mismas maquinas en Argentina tienen impuestos de importación del 40%.

A esto le llaman “libre competencia” por imperio de la “libertad de mercado”.

En llamativa coincidencia histórica con las políticas de la generación del ’80 que tanto emocionan a Milei, allá por el año 1895, en pleno auge de la argentina oligárquica agroexportadora, los ecasos productores de implementos agrícolas protestaban porque las máquinas importadas pagaban 5% de aranceles mientras el “fierro bruto” necesario para la fabricación local debía pagar 10%, el doble.

Don Juan Istillar, maquinista de trilladora convertido en industrial propietario de un modesto taller en la localidad de Tres Arroyos, tuvo la brillante idea de reemplazar la importación de hierro promoviendo una virtuosa cadena productiva de recolección de maquinarias en desuso, carros y camiones recorrían las chacras cargando fierro abandonado con destino a las fundiciones.

Ingenio industrial argentino, ventaja competitiva desde siempre.

La Argentina del “Fascismo del tres patas” de Perón, según la califica Milei, fue capaz de implementar a través del Banco Industrial, líneas de créditos al 4% anual con amplias facilidades para fabricantes de maquinas y otros elementos agrícolas.

En 1951 el Banco Central destinó 7 millones de pesos moneda nacional para importación de motores, materia prima y otros insumos necesarios para la fabricación de maquinaria agrícola.

Hacia fines de ese mismo año el gobierno declaró de “interés nacional la fabricación de maquinas e implementos agrícolas y sus repuestos”, liberando de derechos de importación a la materia prima.

A partir de entonces comenzaron a multiplicarse y crecer los establecimientos industriales dedicados a ese rubro: Roque Vasalli (Firmat); GEMA (Rosario); Giubergia (Venado Tuerto).

Vasalli nació como un taller metalúrgico con 4 obreros en 1949.

A mediados de los años ’50 no solo abastecía demanda nacional, también exportaba a Brasil donde tiempo después abrió un establecimiento de armado de piezas que se fabricaban en Argentina.

A mediados de la década del ’60 ya ocupaba más de 1000 obreros metalúrgicos y fabricaba 1000 cosechadoras al año.

En esa época, las empresas dedicadas a la producción de maquinaria agrícola en nuestro país comenzaron a exportar a Perú, Paraguay, Chile Cuba, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, República Dominicana y Guinea Ecuatorial.

Entre 1965 y 1971 se exportaron 1350 máquinas a distintos países.

Fue también en tiempos de “populismo peronista” que se creó la primera fábrica nacional de tractores, autorizando a la estatal IAME “a construir por sí y en cooperación con las industrias privadas, tractores integramente nacionales”.

Con la asistencia técnica de FIAT, IAME comenzó a producir el criollo “Pampa” en 1953 y dos años después ya fabricaba 1.556 tractores.

Fue con el fin de la proscripción del peronismo y el retorno de Perón a la presidencia argentina que se alcanzó el récord de 24.573 tractores fabricados y 4.233 exportados, era el año 1974 en el marco de apoyo crediticio a la industria, exenciones impositivas y aumento de la capacidad adquisitiva del sector agrícola.

El genocidio industrial instrumentado desde la dictadura de Videla y Martínez de Hoz en adelante, significó un enorme retroceso en relación con aquel gran período de prosperidad, pero cabe señalar que la medida adoptada ahora por Milei cumpliendo el mandato de Trump llega a límites nunca imaginados, ni siquiera por un dañino ultraneoliberal como Domingo Felipe Cavallo, ya que la Resolución derogada por estas horas, certificado de Importación de Bienes Usados (Cibu) había sido establecida en 1994 durante su gestión en el Ministerio de Economía a través de la cual sólo se autorizaba el ingreso de bienes usados si no eran fabricados en el país.

Cipayismo extremo, exterminador de decenas de miles de puestos de trabajo como nunca antes.

Por Héctor Amichetti

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