El 2 de Abril es una fecha grabada a fuego en la memoria de los argentinos. Fue la última guerra librada contra una potencia extranjera, el Reino Unido de Gran Bretaña, en defensa de la soberanía y por la integridad territorial. Y fue una triste derrota que no desvirtúa la legitimidad del reclamo ni desmerece el valor de nuestros soldados, los héroes de Malvinas. Fue un hecho contradictorio el que una dictadura genocida y entreguista planteara esta reivindicación, más allá de cuales fueran sus intereses.
Por eso, además del recuerdo y homenaje es también necesaria la reflexión. Existe una contradicción que se debe resolver. La soberanía es una cuestión integral, no es posible una soberanía parcial.
La dictadura genocida entregó al país en la tradición de la vieja oligarquía para luego hacer un reclamo por soberanía. La pantomima de Nicanor Costa Méndez reclamando por el TIAR pretendiendo creer que existía un verdadero compromiso de defensa mutua. El imperio no libera a sus vasallos.
Las contradicciones continuaron durante el período democrático. La sujeción a los dictados del FMI ha resultado una clara limitación a nuestra soberanía. Un paso a la liberación fue el pago de la deuda al FMI para poder tomar decisiones en libertad.
Pero el FMI volvió y sus condicionamientos también durante la presidencia de Mauricio Macri, fiel representante de los intereses de la clase dominante. Su primer canciller, Susana Malcorra, tomó la decisión de apartarse del eje bolivariano y acercarse a Estados Unidos y países europeos occidentales volviendo a la vieja política de entrega. Pero era sólo mezquindad. La acción de Malcorra obdecía a su interés en acceder al cargo de Secretario General de la ONU logrando el apoyo de las grandes potencias. Al fallar su proyecto renunció, pero la política de entrega y sumisión continuó.
Y llegamos a la celebración del corriente año con un discurso vergonzoso del presidente de la Nación. Además de excluir del acto a los veteranos de Malvinas, los auténticos homenajeados, el presidente, admirador de Margaret Thatcher, relativizó el reclamo de soberanía argumentando que fue hecho por gobiernos corruptos. Una vez más recostarse en potencias extranjeras para someter a los argentinos. Incluso cayó en un acto de traición al manifestar que deseaba que los kelpers prefieran ser argentinos, una no tan velada alusión al principio de autodeterminación, concepto que hasta las Naciones Unidas han desestimado.
Resulta indisoluble la independencia económica, la soberanía política y la justicia social, banderas del movimiento nacional. Sólo el movimiento nacional puede llevar adelante el reclamo de soberanía sobre Malvinas, en unidad.
Por Miguel Re



